Cojo y Despreciado, Bailaba Solo Cada Sábado… Solo Su Burrito Lo Esperaba, Hasta Que Ella Llegó
Relatos de Rechazados
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Cojo y Despreciado, Bailaba Solo Cada Sábado… Solo Su Burrito Lo Esperaba, Hasta Que Ella Llegó
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Cada sábado, Andrés se afeitaba con la navaja de su abuelo, planchaba dos veces su única camisa blanca y se apoyaba en la misma columna del coreto de San Isidro del Valle. Nunca sacaba a bailar a nadie. Su padre lo miraba con vergüenza, su hermano se burlaba de él desde el escenario y el pueblo entero se preguntaba qué hacía allí un herrero cojo que no bailaba. Afuera, atado junto a la fuente, solo lo esperaba Lucero, un burrito gris con una estrella torcida en la frente y la terrible costumbre de comerse los geranios de los vecinos.
Lo que nadie sabía es lo que pasaba en la forja cuando se cerraba la puerta. Hasta que Lucía, la costurera viuda que volvió al pueblo con su hijo pequeño y una deuda imposible de pagar, lo descubrió con dos tazas de café en las manos. Ella también guardaba un secreto en una caja de cartón que llevaba meses sin abrir.
Una historia sobre el valor de dejar de esconderse, sobre los padres que no saben pedir perdón y sobre un burrito que tenía mucho más ritmo que medio pueblo.