DAS RHEINGOLD - SIMONE YOUNG - (Bayreuth 2025) LIVE AUDIO
Bayreuth Vinylman
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DAS RHEINGOLD - SIMONE YOUNG - (Bayreuth 2025) LIVE AUDIO
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Musikalische Leitung: Simone Young
Regie: Valentin Schwarz
Bühne: Andrea Cozzi
Kostüm: Andy Besuch
Dramaturgie: Konrad Kuhn
Licht: Reinhard Traub, Nicol Hungsberg
Video: Luis August Krawen
Wotan: Tomasz Konieczny
Donner: Nicholas Brownlee
Froh: Mirko Roschkowski
Loge: Daniel Behle
Fricka: Christa Mayer
Freia: Christina Nilsson
Erda: Anna Kissjudit
Alberich: Olafur Sigurdarson
Mime: Ya-Chung Huang
Fasolt: Patrick Zielke
Fafner: Tobias Kehrer
Woglinde: Katharina Konradi
Wellgunde: Natalia Skrycka
Floßhilde: Marie Henriette Reinhold
Tres años después de su estreno, en 2022, El Anillo del Nibelungo bayreuthiano del director de escena austriaco Valentin Schwartz mantiene intacta su estupidez irritante. Las mismas tonterías, las mismas chorradas… Este más que fracasado Ring es una nadería escénica fruto del obsceno atrevimiento de la ignorancia. En el disparate, en la “jornada” inaugural, El oro del Rin, igual te encuentras a Wotan bailoteando al final, en la solemne “Entrada de los dioses en el Walhalla”, como si fuera Elektra pero con un puntito gay, que a los gigantes Fasolt y Fafner convertidos en pistoleros de Chicago años veinte, o al irascible Donner, que ha convertido su famoso martillo en un palo de golf. La gilipollez llega al punto de confundir al demonio de Hagen que aquí, en el cacao mental del Schwarz, aparece ya en versión niño perverso como el codiciado anillo de oro. Por supuesto, nada de lanzas, ondinas, estacas, carneros, nibelheims y demás parafernalias wagnerianas. ¡Un número!No merece la pena perder más tiempo y espacio en esta estulticia escénica. En esta ocasión, este Anillo de tan poca monta se ha visto redimido por el trabajo notable y hasta sobresaliente de la veterana Simone Young, que a sus 64 años (nació en Sídney, en 1961), y un bien labrado rodaje wagneriano (ha dirigido ciclos del Ring en Hamburgo y Viena, además de haberlo grabado en su integridad) ha superado notoriamente el trabajo concertador de sus antecesores en esta producción, el alemán Cornelius Meister (2022) y el finlandés Pietari Inkinen (2023). A diferencia de ellos, la Young no se ha dejado arrastrar por la debacle escénica y ha impuesto la música sobre la tontería, en un ejercicio de redención de la estupidez en el que la maestra australiana ha volcado experiencia, autoridad y savoir-faire.Así las cosas, Young y el foso invisible del Festspielhaus han ocupado lugar dominante y hasta omnipresente, y encauzado con opulencia, elocuencia, idioma y caudal de matices el decurso vocal de un reparto en absoluto mejor que el de las anteriores ediciones. De hecho, ni uno solo de los catorce cantantes solistas que intervienen logró fascinar a nadie, aunque el público de Bayreuth cada día menos exigente y también menos silencioso aplaudió a rabiar indiscriminadamente a unos y otros, ya fuera Wotan o Donner, tirio o troyano. Se ve y siente que los wagnerianos de toda la vida, conocedores ya del engendro de este Ring valentinesco, han optado por no venir, dejando el aforo diáfano a un público nuevo, poco habituado a los protocolos de Bayreuth y al nivel de exigencia de un Festival que siempre en el foso y en el escenario ha tenido lo mejor de lo mejor.
En el haber, el Wotan reiterado, efectivo y bien actuado y bailoteado en la elektriana escena de la vergüenza del barítono-bajo polaco Tomasz Konieczny, en una interpretación cuajada pero ajena a nada que tenga que ver con lo memorable y sobrecogedor. Dicho en palabras poco elegantes, un buen Wotan de andar por casa. También repite la Fricka de la en Bayreuth más que experimentada Christa Mayer, admirable mezzo que jamás defrauda y nunca entusiasma, pero dueña ya de un vibrato cada vez más ingrato. Más de lo mismo ocurre con el rodado y entregado Alberich del islandés Ólafur Sigurdarson. La soprano sueca Christina Nilsson no fue más que correcta y temerosa Freia, a años luz de su estupenda encarnación de la Eva de Los maestros cantores, cuatro días antes dirigida por Daniele Gatti.
Discretos en verdad los tres dioses compañeros de Wotan. Ni el bajo-barítono Nicholas Browlee (Donner, ¡el golfista!), ni los tenores Mirko Roschkowski (Froh) y Daniel Behle (Loge) pudieron elevar el correcto nivel vocal del conjunto. Tampoco los graves gigantes-(pistoleros), encarnados por Patrick Zielki (el enamoradizo Fasolt) y el bajo Tobias Kehrer, que se carga a su hermano Fasolt arreándole un certero golpe con un asesino puño americano. La discretita Erda de Anna Kissjudit hizo añorar a las grandes Erda que fueron, son y serán en Bayreuth, desde Maria von Ilosvay a Jean Madeira o, más recientemente, Birgitta Svendén. A tono con casi todos, el difuminado Mime del tenor taiwanés Ya-Chung Huang, que pasó sin pena ni gloria, perdido en la desnortada escenografía de Andrea Cozzi y la iluminación de cartón piedra de Reinhard Traub.Desde luego, las más entonadas de la tarde fueron las conjuntadas y caracterizadas Hijas del Rin