Videoexperiencia 2° Encuentro de Activismos Disca y Neurodivergentes
Orgánica Expansiva
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Aquí están las imágenes que dan cuenta de lo vivido en el 24 de Mayo del 2025. Ese día nos convocamos a compartir nuestras experiencias de vida y como activistas, reflexionando en torno a diferentes preguntas y problemáticas que atravesamos. Queremos compartir con ustedes algunos fragmentos de este importante espacio.
¿Dónde siento que está mi fragilidad hoy? Partimos temprano por la mañana al interior del espacio que nos acogió y nuestra fragilidad no tardó en hacerse presente. El cuerpo habla desde la incomodidad, desde el cansancio, desde el dolor que no da tregua ni al dormir. Son señales de algo más profundo, el estrés sostenido, la tensión diaria, la dificultad de sentirse obligade a adaptarse. Nos duele caminar, nos cuesta llegar, y eso también es parte de nuestra realidad disca. Un agravante de estas dificultades que habitamos es el espacio público, que se convierte en un campo de batalla cotidiano. Nos sentimos frágiles ante la falta de accesibilidad, comprensión o disposición. Esta fragilidad es también rabia y cansancio de un mundo que sigue viendo la accesibilidad como un gesto caritativo. Nos duele tener que explicar todo el tiempo por qué estamos aquí, por qué ocupamos espacio. Y a pesar de todo, lo hacemos. Estamos.
Lo pusimos en palabras, luego en hojas de papel y formaron parte de un bello árbol que las sostiene. Esta fragilidad no se juzga, la abrazamos como parte de lo que somos, porque incluso el cansancio tiene valor político, y desde nuestras vivencias y activismos, hacemos de nuestras existencias una exigencia de transformación social.
¿Dónde siento que está mi fuerza hoy? En primer lugar, la fortaleza disca está en nuestros vínculos afectivos y los cuidados mutuos. Estas fortalezas puestas en palabras con forma de hojas también son parte fundamental del árbol que representa nuestras existencias.
Aquí la amistad y la familia –ya sea de sangre o elegida- aparecen como un refugio vivo, una trinchera de afecto. En este sentido, comprendemos que la fortaleza no es individual sino relacional, habitamos el mundo gracias al amorcito cotidiano que sostiene la vida cuando la hostilidad amenaza con apagarla. De este modo, ser cariñoses, sentir entusiasmo, permitirse la ternura, aparecen como fuerzas que contrarrestan la crudeza del sistema ¡El regaloneo también es revolucionario! Ejercicio de creación de pócimas como forma de articulación simbólica del cuidado, resistencias y de nuestra fragilidad. Dentro y fuera de la sala, cada grupo se entregó a un ejercicio de alquimia activista con diferentes plantitas y elementos. Entre los ingredientes más recurrentes aparecen la lavanda, la manzanilla, la ruda y el laurel, hierbas que calman, limpian y fortalecen.
Cada pócima fue una apuesta por la autodefinición colectiva de los cuidados, donde el cuerpo se escucha, se mueve, se protege y se celebra. Lo que pasa afuera, en la calle, en el espacio público.
Luego de un distendido almuerzo al sol del otoño, volvimos a la sala a reflexionar en torno a lo que pasa en el espacio público y expresar, ya sea desde la palabra o desde lo material, lo que para nosotres ha significado ser excluides.
En este ejercicio en primer lugar, conversamos en torno a testimonios compartidos por compañeres, que dan cuenta de múltiples barreras físicas y actitudinales que enfrentamos las personas discas en la vida cotidiana. Frente a este panorama, nos preguntamos:
¿Cómo sobrevivir a tanta exclusión capacitista y a la indiferencia de una ciudad que no fue pensada para nosotres? La primera idea que se repitió es la sensación persistente de no pertenencia, de habitar un mundo que no fue pensado para quienes se salen de la norma. Ante esto, emergió la urgencia de construir comunidad como una vía para aliviar esa sensación de no existir. El encuentro con otres que viven dolores similares, aunque desde lugares distintos, abre grietas en el cemento de lo normativo, desde donde puede brotar la vida.
¿Cómo aportar en la construcción de un mundo más habitable para todas las personas? Aparece así esta pregunta clave, aún sin respuesta definitiva, pero que sigue latiendo con fuerza en nuestro activismo: Desde el cansancio, la rabia, la ternura, el arte y la memoria compartida, conspiramos en la transformación de estas injusticias ¡hasta crear una sociedad donde todas las cuerpas gocen!
Con esta motivación comenzamos a preparar nuestra acción callejera del día siguiente, interviniendo insumos médicos, con colores, lanas y consignas, que señalan: “no soy sordo, no soy ciego, no soy mudo, no soy minusválido.
Pero no te escucho, no te veo, no te hablo, ni menos te doy valor”. Finalmente, nos despedimos con el corazón pleno de gratitud, inspirades por este abrazo colectivo cargado de ternura y fraternidad activista. Nos llevamos el calor de estos encuentros que nos nutren, nos fortalecen y nos reafirman en la esperanza de que otro mundo es posible, porque lo estamos construyendo juntes.