Le dije a mi mejor amigo que me tome una foto para que mi ex viera de lo que se perdió…
El Chismesaurio
0:00 / 0:00
Le dije a mi mejor amigo que me tome una foto para que mi ex viera de lo que se perdió…
5 767 просмотров · 6 месяцев назад
El Chismesaurio
12 тыс. подписчиков
5 767 просмотров · 6 месяцев назад
Le dije a mi mejor amigo que me tome una foto para que mi ex viera de lo que se perdió… Él me dijo que mi ex no me dejó por fea si no porque lo engañé con 2 al mismo tiempo… ¿Acaso ningún hombre puede tener empatía con lo difícil que es ser mujer?
Conocí a Julián en un festival de música, de esos donde todo el mundo jura que está “viviendo el momento” mientras graba stories sin respirar. Yo estaba con una amiga y él se acercó con esa energía de chico correcto que no invade, que pregunta antes de tocarte el hombro, que te ofrece agua porque “estás sudando mucho”. No era el típico intenso de festival que cree que una pulsera VIP es personalidad, era… estable. Me dio su chaqueta sin drama, me dijo que no quería nada a cambio y eso, aunque suene cursi, me pareció raro en el buen sentido. En un mundo lleno de hombres que juegan a ser misterio, él fue directo y eso me atrapó. Las primeras citas fueron un descanso para mi sistema nervioso, honestamente. Julián no improvisaba planes mediocres, él proponía cosas concretas y las cumplía, como si su palabra valiera algo de verdad. Me llevaba a comer a lugares tranquilos, me preguntaba por mi trabajo, escuchaba y no estaba compitiendo por hablar más fuerte. Cuando yo me exaltaba contando algo, él no me callaba ni me corregía, solo me miraba como si yo fuera lo más interesante de la mesa. Su “chico bueno” no era postureo, era conducta constante. Yo me sentía cuidada, y sí, eso se siente rico cuando estás acostumbrada a que te fallen. Con el tiempo, Julián se convirtió en ese tipo de pareja que te hace sentir que el mundo es un poco menos hostil. Si yo tenía un día pesado, él aparecía con comida, un abrazo y esa calma que parece un superpoder. Me ayudaba con cosas mínimas como arreglar una lámpara o llevarme a una cita médica sin que yo se lo rogara tres veces. Le encantaba sostenerme la puerta, cargar cosas, preguntar si llegué bien, como si eso fuera un ritual. Yo veía a mis amigas sufrir con tipos que desaparecían cada dos días y pensaba: “yo sí elegí bien”. Esa seguridad era preciosa… pero también empezó a sentirse como una pared alrededor. Porque la verdad, esa estabilidad perfecta tiene un lado oscuro que nadie menciona: es repetitiva. Julián era tan predecible que a veces yo podía adivinar lo que iba a decir antes de que abriera la boca.
0:00 Historia principal
8:15 Comentarios de la historia principal
9:24 Actualización 1
16:11 Comentarios de la actualización 1
17:10 Actualización 2
25:18 Comentarios de la actualización 2
26:15 Actualización 3
33:31 Comentarios de la actualización 3
34:30 Actualización 4