Cómo entender el “Boogaloo” o Latin Soul, IX parte, Bogotá, 2026
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El ardoroso discurrir vital surcado por el movimiento beatnik con sus oleadas de protestas y rebelión, sazonado con la música de los Beatles y la atmósfera sicodélica del naciente hippismo, exigía la irrupción de una sonoridad latina capaz de alimentar el espíritu rebelde y contestatario de esa generación de hispanos nacidos en El Barrio, el Bronx o o Brooklyn . Entonces apareció y se desarrolló vertiginosamente el boogaloo, primer híbrido que señalaría definitivamente una nueva forma de hacer la música caribeña, mezcla de música pop y guajira-son que con sus letras en inglés y español daban cuenta aunque jocosamente de la realidad que se vivía. Aja y ese Pito. El meridiano de la salsa en Norteamérica está atravesado por estas circunstancias que precipitan una nueva valoración del legado de los padres que habían llegado en los 40. Es el caso de uno de los más calificados pioneros del nuevo sonido como es Ricardo Ray que forma parte de quienes buscaban la integración del American Soul y los ritmos latinos que necesitaban un nuevo sonido, dando lugar a fusiones como Latin Rock, Shing-a-ling, Boogaloo, Blues and Rithym, Cha Cha Cha funky etc.
Se puede distinguir en la emergencia de lo que llegaría a ser la salsa neoyorquina una tensión entre las corrientes decisivamente progresivas y algunas que mantenían la tónica tradicional con algunas variaciones respecto al dominante y por otro lado una búsqueda denodada que articulaba como en el caso de Ricardo Ray, Los Palmieri, Franky Dante, Willie Colón, Larry Harlow y otros descargas jazz, guajiras blue, boleros pachangas, monkey twists, jala jalas, mozambiques, guaguancós, mambos, guarachas , chachachás y danzones con incursiones en la música clásica europea ( Bach, Chopin, Stravinsky) para conformar estructuras hasta hoy insuperables en su calidad interpretativa.
El frenético boogaloo acaparó la atención de los jóvenes ávidos de estridencia y ritmo fuerte, encontrando en Pete Rodríguez y Ricardo Ray a sus máximos exponentes. Al boogaloo le siguieron una serie de variantes efímeras como el shing-a-ling y el latin soul. Vale la pena destacar entre los cultores de estos géneros de transición a Mongo Santamaría, Johnny Colón, Joe Bataan, Bobby Quesada y Héctor Rivera. Joe Cuba, el boogaloo de Pete Rodríguez, el son montuno de Eddie Palmieri, se saludaba a El Negro y Ray de La Moderna de Barretto, se silbaba con el sexteto New Swing, se volaba en el poderoso avión de Joe Bataan para llegar At the Party de Héctor Rivera. Para vacilar esos deliciosos manjares sonoros en forma y con cachet se visitaba a la nocturna Ceiba con sus famosos clubes, versión criolla de los salones de la Gran Manzana como El Palo de Oro, La Charanga, El Carnaval y la mágica Gardenia Azul con sus encantadores jardines. Pero dejemos las nostalgias salseras descansar un ratón y gocemos con toda la pasión caribe. En Colombia, la música popular del Caribe Hispano insular es reconocida genéricamente como, “Música Antillana”y cuando se le agregan las sonoridades provenientes del Caribe continental se habla de “Música Tropical”. Al llegar la pachanga último ritmo surgido en Cuba, antes de la Revolución Castrista vía Nueva York y luego el boogaloo se calentaron las salas populares de baile. Esa música que todavía no se llamaba SALSA, no era música de fiestas familiares: quinceañeros, matrimonios o bailes de graduación. Era música de bailes populares y bares marginales brotaba de potentes equipos de sonidos, engalanados con exuberantes dibujos y simpáticos nombres.