Pánico del Vacío
Geo IDE
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Pánico del Vacío
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Llegué al mundo ignorante y ahora rozo el nihilismo.
Tantos años; cada mes, cada minuto, siempre lo mismo.
Feliz, triste, normal, no hay mal que por ciclo no venga,
y la incertidumbre se resuelve cuando al poder le convenga.
Me elevo de este plano buscando no ser sintiente;
me arrastran atrás con promesas, aunque sé que mienten.
Y aunque exponga mis arterias a vulnerabilidad absoluta,
siempre hay una pieza que derrumba todo, aunque sea diminuta.
Hay ápices de razón en realidades que ignoro.
Valoro más la síntesis de datos que recompilo de tantos lloros.
Me atropella la crudeza, pero ya es subyacente;
y antes de recibir el primer golpe, ya me quedé sin dientes.
Tanto para pensar, pero este órgano sin besos
quiere apagar la máquina o en su defecto dejarme leso,
y aunque el viento me golpee y en ello haya inocencia,
la sentencia hace que lluevan litros de elocuencia.
Mi existencia: manchada de dudas existenciales,
producto de alteración universal y sus causales.
Miro a los ojos a la inconsciencia de la materia inerte;
me devuelve un eco no satisfactorio consecuente.
Necesito saber quién está allá, quién está aquí;
¿hasta cuándo floto entre los átomos hasta que llegue el fin?;
¿hasta cuándo mis dudas seguirán no respondidas?;
¿y cuándo pararé de darme respuestas decididas?,
pero mi mente siempre le plantea teorías al todo;
siempre me quedó atrás, diciendo "este es mi modo".
Mi silencio grita sobra de actividad en mi cabeza;
mis líneas buscan reducir el cuánto pesa.
¿Quién soy entre los mitos, quién escucha los gritos?
¿Soy una torre construida o la aleatoriedad del infinito?
¿Será esto caos incontrolable y el cuerpo su monolito?
¿Neuronas me controlan y alucino libertad en lo que he escrito?
Ya basta...
el universo: un parque de sueños; yo, su juguete;
el espacio-tiempo, la manta que sostiene rodillas de quien extiende
sus manos, matando el aburrimiento con cinismo,
mientras la alteración de la materia, fiel a su egocentrismo.
(Quiero pensar que sólo son algunos baches,
pero llevo pensándolo todo mi tiempo aquí;
no había bien aprendido a usar la hache,
cuando brotaron disonancias que me impedían dormir.)
Me abraza en bienvenidas el ciclo corrosivo;
entre cadenas impide un plan de escape decisivo.
Su piel suave y tensa envejece con los años,
aunque cada segundo solo añade otro peldaño.
Me asgo con fuerza y sin ilusiones,
y la caída me despoja de composiciones
escondidas en letras pequeñas y vistas engañosas;
me desnuda e ignoro la sangre entre tantas cosas.
Sonidos de impacto rebotan en las paredes,
y el eco me recuerda respirar entre papeles.
Me volteo y me asfixia el aire denso de las sombras;
me mareo de las vueltas y me pongo al mundo en contra.
El oportuno haz de luz que coincide con el mediodía
de este hoyo que un ciego llamaría masa fría
es la efímera prueba de que vivo, pero la muerte me acecha;
el tallo pálido da casi por perdida esta cosecha.
¿Estoy tan vivo que muero, o tan muerto que vivo?;
la sola incógnita da prueba de que hay algo sin estribos,
pues a falta de control, la sobra de dudas,
y a cuestión del vasto conocimiento sigo en cuna.
Entre latidos aprendió, mi corazón, a pedir remedios,
pero me aparté en los andares de este gremio,
pues, ¿hasta cuándo iba a chocar con la inexactitud del mundo?,
creé mi exactitud, caminando en ella, moribundo.