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#muchavidaquecontar #minidocumental PACA GABALDÓN, la actriz que Mary Francis siempre quiso ser

Somos AISGE

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#muchavidaquecontar #minidocumental PACA GABALDÓN, la actriz que Mary Francis siempre quiso ser

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ASIA MARTÍN (Realización, vídeo y montaje) JUAN ANTONIO CARBAJO (Guion y redacción) He aquí la historia de dos actrices. La de Mary Francis, una estrella precoz que brilló en el cine español de los setenta, “el de las chicas florero”, y que, harta de ser solo guapa, desapareció un día para resurgir como Paca Gabaldón, una artista “con cerebro, talento y seguridad en sí misma”, la actriz que Mary Francis realmente quería ser. Lo consiguió, sobre todo gracias a los escenarios: “Nunca he sido más feliz en mi vida como actuando en un teatro”, resume. Ha hecho también mucha televisión y cine, pero la película más apasionante que ha protagonizado, dice, es la de su propia vida: la de una niña que fue raptada por su madre a los seis años, se crio en Estambul, recorrió Europa y se convirtió en una estrella adolescente en Latinoamérica antes de que la volvieran a secuestrar de nuevo para quedarse en España. Un relato trepidante para este capítulo de #MuchaVidaQueContar, el documental de producción propia que le dedica la Fundación AISGE. Antes de que lleguen Paca Gabaldón y Mary Francis, la historia arranca con Paquita, una niña barcelonesa nacida en mayo de 1949 que vivía bajo el cuidado de sus abuelos. Sus padres se habían separado y la ley impedía que su madre, bailarina profesional de clásico español, la tutelara. La veía poco, pero un día una de sus visitas se convirtió en la gran aventura de su vida. “Mi madre me raptó”. Bajaron a la calle con la excusa de comprar licores para la sobremesa, fueron a la estación, pasaron la frontera francesa con documentación falsificada, recorrieron Niza, Montecarlo, Roma, Nápoles… y de allí, en barco hasta Estambul. Tenía seis años. “Lo recuerdo fotograma a fotograma. Realmente es la primera película de mi vida”. Rosario, la madre, vivía en Turquía con su segundo marido, Óscar Garro, un futbolista argentino que había jugado en el Celta de Vigo y que fichó por el Galatasaray, primero como jugador y después como entrenador. Su progenitora dejó momentáneamente de bailar y Paquita vivió con ella los mejores momentos de su relación. “Recuerdo sus coplas españolas y los versos, que recitaba de maravilla. Creo que mi vocación viene de ahí”. Iba a un colegio italiano de monjas en el que estaba interna entre semana, y donde hablaba francés, turco e italiano. Y allí se apuntó a hacer teatro: “Mi obsesión entonces fue convertirme en actriz”. Con 12 años se empapó de toda la magia de las bambalinas. Su padrastro había regresado a Argentina y su madre volvió a bailar. Paquita la acompañó en una gira por teatros de toda Europa que la deslumbró. “Yo vivía todo el proceso, cómo se maquillaba, cómo se peinaba, cómo se vestía, me quedaba fascinada observándola”. Fue poco antes de descubrir su tercer continente: América. El sueño del hogar argentino que habían preparado su madre y el exfutbolista no fructificó. Paquita acabó con unos familiares en Buenos Aires, y con 13 años se plantó. “Le dije a mi madre que ya estaba cansada de vivir donde no debía. Entonces me puso en el disparadero: ‘O te vuelvo a ingresar en un colegio o te pones a bailar conmigo”. Es el momento en el que Paquita desaparece y entra en escena Mary Francis. La madre monta el trío de baile Los Pamperos. “La parte fuerte la llevaban ella y un bailador de malambos espectacular. Y mi madre me bautizó como Mary Francis por María Francisca”. Saltaron de Argentina a Chile, donde empezaron a reclamarla para hacer fotonovelas, televisión… “De Chile pasamos a Perú y me contrataron en la Televisión Panamericana para hacer musicales y dramáticos. Eso supuso la ruptura del trío”. Mary Francis es una adolescente que vuela ya sola con notable éxito. Rueda con 16 años su primera película, Ganarás el pan (1965), de Armando Robles Godoy, y sale en todas las revistas… Pero su madre había planeado cortarle las alas. Mary Francis programó con una amiga un viaje por Europa que recalaba en Barcelona, donde podría saludar a su familia paterna, con la que su madre había restablecido el contacto. “Unos tíos míos me dijeron: ‘Déjanos el pasaporte, Paquita, para pasar por la policía’. Ya no lo volví a recuperar. Y eso supuso mi segundo rapto, porque me obligaron a quedarme en España. Era menor de edad”. Sin embargo, la precoz estrella pronto se abrirá camino en España. Gracias a los tíos, a los que reconoce cariño y atenciones, conoce a Federico Gallo, director de TVE en Cataluña. Le ofrecieron un programa como presentadora, 'Musical 14.05', al que siguieron otros, como 'Canciones de la mar'. El cine la reclama y firma un contrato en exclusiva con los prolíficos Pedro Masó y Pedro Lazaga, junto a los que rodó siete películas en cinco años, entre 1967 y 1972. “Yo me repartía entre dos conciencias. Sentía gratitud por haber sido reclamada tan rápidamente por un cine comercial, muy bien recibido por el público. Pero yo me volví crítica con ese cine con el que no me sentía cómoda. Nos usaban a las actrices guapas un poco como floreros”.