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El Crimen de Los Holandeses, Murcia, España 2013 🇪🇦 (Documental)

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El Crimen de Los Holandeses, Murcia, España 2013 🇪🇦 (Documental)

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El crimen de los holandeses: los 1.200 euros por lo se descuartixó a una pareja. Ingrid Visser, la jugadora de voleibol holandesa que más partidos internacionales había disputado, desapareció en mayo de 2013 y en su búsqueda se habló de sicarios, mafias rusas y rescates. 3 de octubre de 2016, juzgados de Murcia. Tras declarar durante hora y media y después de un receso, Juan Cuenca, el principal acusado de los crímenes tres años antes de la jugadora holandesa de voleibol Ingrid Visser y su marido, pide intervenir de nuevo: no existe ningún mafioso ruso, él pagó a dos sicarios por matar y descuartizar al matrimonio. Y apenas les pagó un adelanto de 1.200 euros de una tarifa que debía rondar los 15.000. Es casi el punto final del caso Visser que en mayo de 2013 conmocionó a la región de Murcia y que tuvo un gran impacto mediático en Holanda. Ella, de 36 años, ya retirada, era la jugadora que más veces había vestido la camiseta de la selección de voleibol de su país y había jugado dos años, entre 2009 y 2011, en el desaparecido club Atlético Voleibol murciano. Su marido, Lodewijk Severein, también holandés y veinte años mayor que ella, tenía negocios poco claros de inversiones en varios países, según relata Efe. La pareja residía en Holanda, pero ella había iniciado en Murcia un tratamiento de fertilidad para quedarse embarazada. Y esa fue la razón por la que el 13 de mayo de 2013 Ingrid y Lodewijk aterrizan en Alicante. Tenían programada al día siguiente una cita en la clínica de Murcia, dos días después tenían vuelo de regreso a su país. La mujer estaba embarazada de muy poco tiempo, según reveló después la autopsia, como recuerdan a Efe investigadores de Homicidios de la Policía Nacional que viajaron desde Madrid para colaborar con las pesquisas. El matrimonio, muy llamativo por la estatura de ambos cercana a los dos metros, alquiló un coche en el aeropuerto alicantino y se dirigió a Murcia para alojarse en un hotel. A las ocho de la tarde salieron y no regresaron a dormir. Interesados por cómo les había ido la consulta, la familia, residente en Holanda, llamó al matrimonio varias veces y ninguno contestó. También contactaron con la clínica, que tampoco sabía nada de ellos, pero que, a instancias de la familia, acudió a la comisaría para denunciar la desaparición el 17 de mayo. Sus familiares pronto amplían la denuncia. Ya relatan que el club de voleibol murciano le debe a la exjugadora unos 60.000 euros y que iban a aprovechar para hablar de nuevo con "un tal Lorente". La Policía da pronto con él: es Juan Cuenca Lorente, un hombre de 36 años, exgerente y exdirector del club que vive en Valencia. "Fue colaborador al cien por cien con nosotros. Presta dos declaraciones y nos cuenta que sabía que la pareja iba a venir y que le llamarían para verse, pero que no habían llegado a citarse. También apunta que el marido buscaba inversores rusos, pero que él no quería saber nada de rusos", recuerda uno de los policías. Ha pasado una semana y la única pista es que el coche de alquiler, en el que no hay nada raro, aparece aparcado enfrente del club de voleibol, mientras que las cámaras de seguridad del tranvía captan a ambos sin compañía. La colonia holandesa en Murcia se moviliza en busca de noticias sobre su paradero y coloca centenares de carteles con sus fotografías. Al fin y al cabo, ella era una deportista conocida. La Policía tiene varias hipótesis abiertas, como la de un posible secuestro por temas económicos. A los investigadores de Homicidios les sigue sin oler bien el tal Cuenca, "un tipo con un ego... No hace más que repetir que es muy listo, que tiene un coeficiente intelectual elevado", destaca uno de los policías que le interrogó en varias ocasiones junto a otro funcionario especializado en delitos económicos de Murcia. "No nos da buena espina y se lo decimos al juez, que autoriza pincharle el teléfono". Fue el resorte que permitió resolver las desapariciones, porque la primera llamada que le entró a Juan Cuenca en su móvil fue la que le hizo desde Benavente (Zamora) una mujer llamada Rosa. Poco después, la Policía de Murcia recibe otra llamada de una mujer, Rosa, que manifiesta que cree que Juan Cuenca está detrás del tema de los holandeses. "Estábamos en Madrid y a las tres de la mañana unos salimos para Benavente y otros para Murcia de nuevo. Había que hablar con esa mujer de inmediato". El relato de Rosa empieza a alumbrar incógnitas. Ella trabaja para Juan, y es la que alquila para él "La Casa Colorá", un alojamiento rural situado en un apartado paraje de Molina de Segura para tratar de negocios con unos holandeses. #documental #crimen #españa