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¿Qué hacían los primeros humanos de noche?

Lo no contado

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¿Qué hacían los primeros humanos de noche?

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Lo no contado
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Cada noche alguien te repite que dormir "del tirón" ocho horas seguidas es lo normal. Pero durante el 99,9% de la historia humana la noche no funcionaba así: no había interruptor, no había electricidad, solo fuego, oscuridad casi total y un patrón de sueño dividido en dos partes que la ciencia solo empezó a redescubrir hace treinta años. Este vídeo repasa qué hacían de verdad tus antepasados entre que se ponía el sol y volvía a salir, y cómo todo ese ritmo desapareció en una sola generación. Antes del fuego, la noche era pura supervivencia: quedarse quieto y esperar al amanecer para no convertirte en la cena de un depredador con mejor visión nocturna que la tuya. El fuego cambió esa ecuación y regaló horas extra al día — horas que, según el estudio de la antropóloga Polly Wiessner sobre los ju/'hoansi del Kalahari ("Embers of Society", PNAS, 2014), se llenaban sobre todo de historias: hasta un 80% de las conversaciones nocturnas junto a la hoguera eran relatos, mitos y bromas, frente a apenas un puñado durante el día, dedicado casi todo a lo práctico. Pero la noche escondía algo más. El historiador Roger Ekirch, tras años rebuscando en archivos judiciales, médicos y diarios personales ("At Day's Close: Night in Times Past", 2005), documentó que antes de la era industrial casi nadie dormía del tirón: la gente dormía un "primer sueño" de unas cuatro horas, pasaba una o dos horas despierta y en calma en mitad de la noche, y luego caía en un "segundo sueño" hasta el amanecer. En los años 90, el investigador Thomas Wehr sometió a un grupo de voluntarios a catorce horas de oscuridad cada noche, sin luz artificial: en pocas semanas, todos cayeron por sí solos en ese mismo patrón de sueño en dos partes. El vídeo explica también qué lo hizo desaparecer — la bombilla de Edison, en 1879 — y por qué un estudio sobre una semana de acampada sin luz artificial (Universidad de Colorado Boulder, 2013) demuestra que ese reloj de 300.000 años sigue ahí, esperando: basta una semana sin pantallas para que se reajuste casi dos horas. Nota sobre las cifras: el 80% de conversaciones nocturnas, las 4 horas por fase de sueño, el reajuste de 2 horas del reloj interno y el año 1879 de la bombilla de Edison son datos publicados, no son estimaciones propias ni cifras redondeadas al alza. Si te gusta la divulgación sin sensacionalismo, suscríbete: cada semana desmontamos un mito o exploramos una pregunta grande con la evidencia real detrás.