21° Domingo después de Pentecostés - Ciclo A - Año 2026
Fabián Paré
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21° Domingo después de Pentecostés - Ciclo A - Año 2026
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Fabián Paré
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Lecturas completas:
Salmo 96,1-9[10-13] / Isaías 45,1-7 / 1ª Tesalonicenses 1,1-10 / Mateo 22, 15-22
Gracia y Paz de Dios a todos ustedes. Amén.
Reflexión:
En la época de Jesús el pueblo judío se encontraba bajo el dominio del imperio romano, y existían distintos grupos judíos entre los que había tensiones; en el Evangelio de hoy están presentes algunos de estos grupos: los herodianos, los fariseos y los zelotas. Los herodianos eran partidarios de la dinastía de Herodes, los destinos de la familia herodiana dependían de su lealtad a Roma, claramente estaban de acuerdo en que se pague los impuestos a Roma, mientras que los Zelotas se negaban a ello y a admitir la sumisión del pueblo a Roma; los fariseos hacían causa común con los herodianos para ‘atrapar’ a Jesús. La pregunta que hacen a Jesús le podría llevar a un enfrentamiento con uno u otro grupo, probablemente esperaban que Jesús favoreciera la postura de los Zelotas, lo que facilitaría que lo detuvieran, sin embargo, Jesús se da cuenta de una trampa, dado que la cuestión que estaba detrás de una posible respuesta tenía que ver con la posición política partidaria que tomaba Jesús respecto a si los romanos tenían derecho a gobernar a los judíos o no.
Jesús pide una moneda y en base a la inscripción que estaba a la vista, contesta algo que lo saca del lugar conflictivo en el que lo querían dejar, rechazando la posición de los Zelotas y sin darle la razón a los herodianos: ‘Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’. En lugar de dar una respuesta tomando una posición política partidaria, la cual consistiría en decir si está de acuerdo o no en que los judíos sean gobernados por los romanos, propone trabajar en el discernimiento sobre las condiciones temporales o pasajeras de este mundo y distinguirlas de lo que es más importante y fundamental. Entre las condiciones temporales y pasajeras se presentan líderes que pueden llegar a pretender ser dioses, que muchas veces olvidan su finitud y temporalidad, pero esto no puede confundir la atención y confianza de la población que debe estar puesta en Dios.
Los herodianos que buscaban su conveniencia política alineándose a los intereses del imperio romano, los zelotas que pretendían armar al pueblo para luchar contra el imperio y lograr de esa manera una liberación, los fariseos que especulaban y manipulaban situaciones para mantenerse en sus puestos de poder, negociando sus intereses y desentendidos de las realidades que sufría la población, es entre ellos que Jesús caminaba anunciando el reino de Dios. Un reino de Dios que se desarrolla fuera de estos formatos políticos partidarios, más allá de las circunstancias temporales en las que algunos líderes confundidos y ensimismados, pierden su capacidad de escucha y así se extravían detrás de vanidades, dejando de lado lo que es de Dios.
Dar a Dios lo que es de Dios implica una disposición interna de cada persona que simultáneamente se ve conectada con las realidades en las que mantiene una relación de compromiso; dar a Dios lo que es de Dios no es meramente un acto individual, es interactuar con lo que es de Él en este mundo, implica dejar de mirarse a sí mismo y poder levantar la vista hacia el Otro, y poder ver a ese otro no como un objeto a fin de mi conveniencia, o como un aliado o enemigo de mis intereses; sino y por el contrario, tiene que ver con reducir el egoísmo y la crueldad y crecer en la solidaridad y en la piedad, con abandonar la soberbia y rencores para crecer en la humildad y en la misericordia.
El salmista nos ayuda en este discernimiento entre los líderes que se creen dioses y el lugar del verdadero Dios cuando dice: ‘Digan entre las naciones: '¡El Señor reina! El mundo está firme y no vacilará. El Señor juzgará a los pueblos con rectitud'… Griten de gozo delante del Señor, porque él viene a gobernar la tierra: él gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad’; Los líderes de este mundo, cuando dejan de escuchar a la población que gobiernan, pierden su capacidad de discernimiento, y pretenden condicionar la rectitud, la justicia y la verdad a su conveniencia e interés, y con ello hacen vacilar al mundo demostrando que están muy lejos de la firmeza que brinda Dios, la población no debe dejarse confundir, no debe olvidar que el verdadero Dios, a quién se debe prestar confianza y atención, se muestra en la rectitud, en la justicia y en la verdad que se ven plenamente en l persona de Jesucristo.
Dios nos permita la sabiduría necesaria para madurar este discernimiento y que hoy día nos permita ‘dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.’
Que la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento humano nos guarde a cada uno en la verdadera fe hasta la vida eterna, amén.
Pastor Fabián, 21° Domingo después de Pentecostés – Ciclo A – año 2026.
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