Перейти к содержимому

¿Controlar o dejar aprender? La ciencia detrás de la autonomía del estudiante

Ingenio Deportivo: Mente y Movimiento

0:00 / 0:00

¿Controlar o dejar aprender? La ciencia detrás de la autonomía del estudiante

72 просмотра · 3 дня назад
Ingenio Deportivo: Mente y Movimiento
282 подписчика
72 просмотра · 3 дня назад
¿Y si el verdadero dilema no fuera elegir entre una enseñanza tradicional o la autonomía del estudiante, sino descubrir cuánto control necesita un alumno para aprender y cuánta libertad necesita para querer hacerlo? El video plantea una discusión que sigue siendo profundamente actual: ¿debe el docente dirigir el aprendizaje o permitir que el estudiante tome el control de su propio proceso? A primera vista parecen dos caminos opuestos. Sin embargo, la investigación educativa sugiere que el problema aparece cuando convertimos esta decisión en una elección absoluta. Durante mucho tiempo, enseñar significó explicar, organizar, controlar tiempos, establecer respuestas correctas y evaluar resultados. Este modelo puede proporcionar seguridad y estructura, especialmente cuando el estudiante posee pocos conocimientos previos. Kirschner, Sweller y Clark (2006), por ejemplo, advierten que una instrucción con mínima orientación puede resultar poco eficaz para los principiantes debido a las demandas que impone sobre la memoria de trabajo. Pero estructurar no debería significar controlar cada decisión. La otra cara del debate aparece cuando comprendemos que aprender también implica sentirse capaz, escuchado y protagonista. Desde la teoría de la autodeterminación, Deci y Ryan (2000) sostienen que la autonomía, junto con la competencia y la relación con los demás, constituye una necesidad psicológica fundamental para favorecer la motivación y el desarrollo. En educación, esto significa que un estudiante difícilmente construirá una relación profunda con el conocimiento si únicamente aprende para obedecer, obtener una calificación o evitar un castigo. Aquí aparece una idea que considero esencial: autonomía no significa abandono. Un docente que dice “haz lo que quieras” no necesariamente está promoviendo autonomía. La verdadera autonomía requiere objetivos claros, opciones significativas, retroalimentación y acompañamiento. Reeve (2009) plantea precisamente la diferencia entre un estilo docente controlador y uno que apoya la autonomía del estudiante. Además, Zimmerman (2002) explica que convertirse en un aprendiz autorregulado implica desarrollar capacidades para establecer metas, utilizar estrategias, supervisar el propio aprendizaje y modificarlo cuando sea necesario. Por ello, la autonomía también se enseña. Quizá la pregunta que deberíamos hacernos como docentes no sea: “¿estructura tradicional o autonomía?”, sino: “¿qué estructura necesita este estudiante hoy para que mañana pueda necesitar cada vez menos estructura?” La enseñanza de mayor impacto podría encontrarse justamente ahí: un docente que guía sin dominar, estructura sin limitar, acompaña sin sustituir y progresivamente entrega el control al estudiante. Porque educar no consiste solamente en transmitir conocimiento. Consiste también en formar personas capaces de pensar, decidir, equivocarse, autorregularse y asumir responsabilidad sobre aquello que aprenden. ¿Tú qué opinas: el aula necesita más estructura, más autonomía… o una combinación inteligente de ambas?