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Homenaje a Reinalda Pereira | Puente Alto

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Homenaje a Reinalda Pereira | Puente Alto

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El viento bajaba desde la cordillera aquella tarde, acariciando la tierra de Puente Alto como si intuyera la fragilidad y, al mismo tiempo, la inmensa fuerza de lo que allí habitaba. Reinalda no caminaba sola. En su vientre, latiendo a un ritmo constante y sereno, latía una promesa. Un pequeño corazón de solo cinco meses que no conocía aún los colores del mundo, pero que ya sentía el calor de los pensamientos de su madre: la convicción de un mañana donde la justicia no fuera un anhelo, sino el aire que todos pudieran respirar. Cuando la sombra interrumpió su paso y el horror de la dictadura pretendió apagar su voz, cometieron un error fundamental. Creyeron que al desaparecer un cuerpo, eliminaban una existencia; pensaron que al acallar un latido, sofocaban para siempre el amor. No entendieron que hay vidas que no se miden en el tiempo que caminan sobre la tierra, sino en la profundidad de la huella que dejan. Reinalda, con su dignidad intacta de mujer, médica e hija de esta tierra, sostuvo a su bebé en el abrazo invisible más puro que pueda existir. En la penumbra de la injusticia, madre e hijo se convirtieron en uno solo, una fortaleza invencible de ternura y coherencia. Ella no solo llevaba la vida dentro de sí; llevaba el sueño de miles de familias, el derecho a la salud, la vocación indeclinable de sanar a un pueblo herido. Hoy, cuando el sol cae sobre las calles de Puente Alto y tiñe los cerros de dorado, la memoria de Reinalda Pereira y su bebé no reside en la tristeza del dolor, sino en la luz indomable de la esperanza. Están presentes en cada joven que abraza una causa justa, en cada profesional de la salud que atiende con empatía, en cada madre que acuna a su hijo bajo un cielo libre. El bebé de Reinalda nunca llegó a abrir los ojos al sol de la primavera, pero floreció de otra manera: se volvió viento, se volvió canto, se convirtió en el recuerdo latente que nos exige ser mejores, más humanos, más solidarios. Su historia no es un capítulo cerrado en la penumbra del pasado, sino un faro encendido en el presente. Reinalda y su pequeño siguen caminando entre nosotros. Su memoria no se apaga porque el amor verdadero no muere; solo se multiplica en cada corazón que se niega a olvidar y que decide, con valentía, construir un futuro donde la vida sea siempre sacredad, dignidad y paz. Agradecimientos a: Centro cultural de derechos humanos salvador Allende. Memorial por la justicia y la dignidad provincia cordillera. Usuarios Prais Sur Oriente RM. http://misentornos.cl/siZu.html