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Dia 15 | Semana 3 | Amante del Corazón de Jesús

Maria Reina de la Familia

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Dia 15 | Semana 3 | Amante del Corazón de Jesús

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Maria Reina de la Familia
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El video nos narra: El lema central («Tengo sed»): Explica que la vida y espiritualidad de la Madre Teresa se resumen en las dos palabras que Jesús pronunció en la cruz: «Tengo sed». Tanto el corazón de la Madre Teresa como el de la Virgen María comparten un mismo deseo supremo: saciar la sed de amor y de almas que consume al Corazón de Cristo. Primeros años y vocación religiosa: Creció en Macedonia, en la parroquia del Sagrado Corazón, reconociendo que desde su infancia Jesús fue su primer amor. A los 12 años sintió la llamada a ser misionera y a los 18 ingresó en la congregación de las Hermanas de Loreto. Fue enviada a Bengala (India), donde enseñó durante más de quince años en la escuela de Santa María en Calcuta, viviendo una etapa feliz en la que hizo el voto de «no negar nada a Jesús». «La llamada dentro de la llamada»: El 10 de septiembre de 1946, en un tren rumbo a su retiro anual, experimentó una segunda llamada divina confirmada posteriormente con visiones místicas. Jesús le pidió fundar a las Misioneras de la Caridad para saciar su sed en la cruz, sirviendo a los más pobres. Recordándole su voto, Jesús le preguntó: «¿Te negarás?». Tras vencer las dudas del obispo local, la congregación fue aprobada con el propósito expreso de calmar esa sed divina de amor y de almas. La «noche oscura» del alma: Desde el inicio de la fundación, la Madre Teresa atravesó una densa oscuridad y sequedad espiritual que duró hasta el final de sus días. En 1961 comprendió, con ayuda de un sacerdote santo, que ese dolor no era abandono, sino una participación íntima en la sed y el sufrimiento de Jesús en la cruz. Llegó a amar esa oscuridad como el misterioso vínculo que la unía al Redentor. El sentido cristiano del sufrimiento: Enseña a contemplar a Cristo crucificado: con la cabeza inclinada para besar, los brazos abiertos para abrazar y el corazón herido para recibirnos. El sufrimiento y la soledad son vistos como el «beso de Jesús», una señal de cercanía que debe acogerse con alegría espiritual y no con tristeza. Oración comunitaria: Concluye con la súplica al Espíritu Santo que habita en María pidiendo encontrar el amor de Cristo oculto en la oscuridad, acompañada del Ave María, el Gloria y la jaculatoria habitual: «María, Reina de la familia, Reina de nuestro hogar, ruega por nosotros».