Перейти к содержимому

Zamba del laurel. Dúo salteño y Mercedes Sosa

La magia del Cancionero

0:00 / 0:00

Zamba del laurel. Dúo salteño y Mercedes Sosa

7 893 просмотра · 11 л. назад
La magia del Cancionero
85,1 тыс. подписчиков
7 893 просмотра · 11 л. назад
La segunda mitad del siglo XX reunió a tal cantidad de poetas, compositores e intérpretes geniales en el folklore argentino, que merecen ser estudiados en la Historia de la Cultura universal. En el caso que nos ocupa esta zamba es fruto de la colaboración entre el compositor salteño Gustavo Leguizamón (1917-2000) y el poeta mendocino Armando Tejada Gómez (1929-1992). Ambos registraron el tema en Octubre de 1975. Cuentan los amigos del poeta que Armando que volvía de un viaje con su hija Rocío quien, embelesada por el color del paisaje pampeano preguntaba a su padre insistentemente cómo se llamaría lo verde si tuviera otro nombre. A la insistente pregunta de su hija, Tejada Gómez contestó: “Si lo verde tuviera otro nombre, debería llamarse Rocío”, dando pié a esta hermosa poesía que el Cuchi Leguizamón musicalizó de manera inmejorable para hacer de ella una canción inmortal. Podemos escuchar el tema en dos interpretaciones prodigiosas. La primera es del DÚO SALTEÑO, formado por Néstor “Chacho Echenique” y Patricio Jiménez con la colaboración musical del propio Cuchi Leguizamón. La segunda es, una vez más, otro versión magistral de la inovidable Negra de Tucumán, Mercedes Sosa. ZAMBA DEL LAUREL Letra: Armando Tejada Gómez Música: Gustavo Leguizamón Si lo verde tuviera otro nombre, debería llamarse Rocío; si pudiera crecer desde e! agua al laurel, volvería a la infancia del río. En lo verde laurel de tus ojos el misterio del bosque se asoma y la vida otra vez vuelve flor de tu piel, bajo un sol de muchacha y arena. Déjame en lo verde celebrar el día porque por lo verde regreso a la vida; yo muero para volver juntando rocío en la flor del laurel. Si lo verde supiera tu nombre la ternura no me olvidaría, porque viene de vos puro y simple el verdor como el simple verdor de la vida. Se me ha vuelto cogollo el silencio de esperarte a la orilla del río y me gusta saber que un aroma a laurel te llenó de rocío el olvido.