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Dos Mecánicos de Taller Le Dieron su Nombre a un Imperio de Motores

Fábricas olvidadas

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Dos Mecánicos de Taller Le Dieron su Nombre a un Imperio de Motores

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Fábricas olvidadas
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Un cañón de rifle es un tubo de acero de casi un metro atravesado por un agujero que tiene que salir recto, y ninguna broca va recta por sí sola. Las máquinas que resolvieron ese problema llevan fundidos en el hierro dos apellidos que hoy asociamos a motores de avión: Pratt & Whitney. Este vídeo cuenta quiénes eran en realidad esos dos hombres y por qué su hierro de hace cien años sigue trabajando bajo el aceite. Cómo las barrenadoras profundas lograban un agujero recto de un metro: placas guía apoyadas en la pared del propio agujero, aceite a presión para sacar la viruta y broca y cañón girando en sentidos contrarios. Francis Pratt y Amos Whitney, dos mecánicos de banco, viruta y calibre, muertos en 1902 y 1920, décadas antes de que existiera la firma de aviación que hoy lleva sus nombres. Y el parentesco lejano de Amos con Eli Whitney, junto a la obsesión por las piezas intercambiables que salió de los arsenales federales. La fresadora que Pratt dibujó hacia 1855 en el taller de George Lincoln: avance de tornillo en lugar de cremallera y piñón, y lo que eso significó para los obreros que hasta entonces guardaban la medida en las manos. El problema de que en los años setenta del siglo XIX no existiera una pulgada estándar en Estados Unidos: dos fábricas, el mismo plano, dos piezas que no encajan y nadie que se haya equivocado. La empresa contrató a un astrónomo de Harvard, William Rogers, y a George Bond para definirla. El comparador Rogers-Bond de 1883, capaz de distinguir una cincuentamilésima de pulgada, y la frase grabada que acompañaba a esos calibres: the standard of accuracy. Qué fue de las dos mil máquinas de rayado de la serie B, y por qué fabricantes de cañones de encargo como Dan Lilja, John Krieger o Boots Obermeyer siguen buscando ese hierro viejo en lugar de comprar una máquina nueva de control numérico. Una diferencia escrita en el propio metal separa la broca de cien años que tiene lista de espera de la de cincuenta que se fue al desguace en un camión de chatarra.