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Jeremías 1–3; 7; 16–18; 20 | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra

El Poder de la Divinidad

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Jeremías 1–3; 7; 16–18; 20 | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra

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El Poder de la Divinidad
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Al principio, Jeremías no creía que podría ser un buen profeta. “He aquí, no sé hablar”, replicó (Jeremías 1:6). Sin embargo, el Señor lo tranquilizó y le afirmó: “He aquí, he puesto mis palabras en tu boca” (versículo 9). Jeremías sentía que era un “niño” sin experiencia (versículo 6), pero Jehová le explicó que, de hecho, estaba más preparado de lo que él comprendía: había sido ordenado a aquel llamamiento aun antes de nacer (véase el versículo 5). De modo que Jeremías dejó de lado sus temores y aceptó el llamamiento; y advirtió a los reyes y sacerdotes de Jerusalén que su simulada santidad no los salvaría. El “niño” que pensaba que no sabía hablar llegó a sentir la palabra de Dios “en [su] corazón como un fuego ardiente” y no podía permanecer callado (Jeremías 20:9). La historia de Jeremías también es tu historia. Dios también te conocía antes de nacer y te preparó para tu misión en la vida. Entre otras cosas, dicha misión incluye algo que Jeremías previó: recoger a los del pueblo de Dios, uno por uno, para “llevar[los] a Sion” (Jeremías 3:14); y aunque no sepas exactamente qué hacer o qué decir, puedes “no tem[er] […], porque yo estoy contigo, dice Jehová” (Jeremías 1:8, 19). Para consultar una reseña del libro de Jeremías, véase “Jeremías” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.