Y los años van pasando... - Domingo, 1 de Marzo 2026
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Y los años van pasando...
Cada comienzo de año nos recuerda una realidad que no podemos evitar: el tiempo sigue avanzando. Un año termina, otro comienza, y con él llegan nuevos deseos, proyectos y expectativas. Sin embargo, mientras los años pasan, también pasan las personas. Generaciones enteras vienen y se van, desde los más conocidos hasta los más anónimos. La historia está llena de hombres y mujeres que alcanzaron fama, prestigio o poder, pero que finalmente tuvieron que abandonar este mundo como todos los demás.
Esta realidad nos lleva a una pregunta importante: ¿qué estamos haciendo con nuestra vida? La Biblia nos recuerda que somos peregrinos en esta tierra. Nuestra existencia aquí es breve y pasajera. Moisés comparó la vida con la hierba que florece por la mañana y se seca al caer la tarde. Los años transcurren rápidamente y, antes de darnos cuenta, han pasado. Vivir ignorando esta verdad es uno de los grandes errores del ser humano.
Ante esta realidad, conviene preguntarnos qué es lo que verdaderamente importa. Una primera respuesta es dejar una huella positiva. Aunque con el tiempo nuestro nombre pueda ser olvidado, podemos influir de manera significativa en quienes nos rodean. Nuestras palabras, nuestro carácter y nuestra manera de vivir pueden convertirse en inspiración para otros. Como creyentes, nuestro mayor modelo es Jesucristo. No hay aspiración más noble que parecernos a Él y reflejar su carácter en nuestra vida diaria. Una existencia que apunta a Cristo deja un legado mucho más valioso que cualquier éxito temporal.
Pero existe una cuestión aún más importante: resolver el asunto de nuestro destino eterno. La Biblia enseña que la vida presente no es el final de nuestra historia. Todos compareceremos ante Dios, y la gran pregunta es dónde pasaremos la eternidad. Jesús declaró que quien oye su palabra y cree en Él tiene vida eterna. La salvación no depende de méritos personales ni de una religiosidad externa, sino de una fe genuina que reconoce a Cristo como Salvador y Señor.
Por eso, no basta con identificarse como creyente o participar en actividades religiosas. La cuestión esencial es si Cristo gobierna realmente nuestra vida. Él mismo preguntó: “¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?”. La fe verdadera produce obediencia y una entrega sincera al Señor.
Los años seguirán pasando. La pregunta es cómo queremos vivirlos. Una vida centrada en Cristo deja una huella duradera y permite afrontar el futuro con la seguridad de que nuestro destino eterno está en sus manos. Esa es la inversión más sabia que podemos hacer mientras recorremos este breve paso por la tierra.