Перейти к содержимому

El Observatorio Olvidado | Un Enigma de Sherlock Holmes

Té y Cianuro

0:00 / 0:00

El Observatorio Olvidado | Un Enigma de Sherlock Holmes

4 794 просмотра · 2 нед. назад
Té y Cianuro
135 подписчиков
4 794 просмотра · 2 нед. назад
Octubre de 1888: reaparece una luz blanca en la cúpula sellada del observatorio que el astrónomo Silas Arden construyó en 1861 en la colina de Ashkam, Yorkshire, clausurado desde su muerte en 1877. Honoria Arden, sobrina y heredera, acude a Sherlock Holmes y al doctor Watson en Baker Street: el administrador Julian Crayle la insta a vender la finca a la Meridian Land and Improvement Company, que exige dejar el observatorio sellado e intacto durante 21 años. Ella muestra una factura de 1886: alguien pagó por reparar el mecanismo de la cúpula ocho años después del sellado. Holmes observa que la luz solo aparece en noches despejadas, entre semana, y nunca después de mediados de noviembre. En la taberna, un muchacho cuenta que la luz le 'guiñó' tres veces y luego dos. El maestro Ambrose Teal, antiguo asistente del profesor, revela que Arden fotografió en 1877 un planeta menor y envió sus mediciones al doctor Cornelius Blae, quien anunció el hallazgo como propio —el asteroide 'Ardenia'—; las cuatro placas originales desaparecieron. Al inspeccionar el observatorio, Holmes halla el sello intacto pero los tornillos removidos: dentro funciona un quemador de luz de cal y el suelo conserva el rastro de unas escaleras movidas al norte. La vigilancia confirma destellos en código hacia Warby Beacon y el Chevin sobre Otley: es un telégrafo óptico que transmite resultados hípicos de Doncaster y cotizaciones bursátiles a agentes de Leeds. Teal opera la luz; Crayle dirige el negocio con el financista Nathaniel Quire. Honoria, al revisar las cuentas, sube por su cuenta y Crayle la encierra en la bodega de placas; Watson la rescata al borde de la hipotermia. Invocando el monopolio telegráfico de la Corona, Holmes coordina las redadas: Crayle y Quire son condenados a prisión y Teal testifica sin ser procesado. Bajo las losas aparece un cofre de plomo con las cuatro placas de 1877 y una nota del propio Arden. Blae dimite, el asteroide conserva el nombre Ardenia, Honoria no vende y dona el observatorio a una universidad con acceso público y gratuito. Este caso se apoya en dos piezas de época muy reales. La primera es la telegrafía óptica: antes y aun después de que el telégrafo eléctrico se extendiera por Inglaterra, hubo quien usó luces y heliógrafos para mover información más rápido que la competencia. El caso más célebre es el de la compañía de telégrafos estafadores de los años 1880, cuando cientos de pequeñas empresas explotaban líneas privadas; el monopolio de la Central Telegraph Office, nacionalizada en 1870, fue precisamente el argumento legal con que la Corona perseguía las transmisiones no autorizadas de cotizaciones y resultados hípicos, un negocio tan rentable que en 1898 la revista Punch se burlaba de los "túnelistas" que perforaban para pasar cables de apuestas desde Newmarket. También hay guiños literarios: la imagen de un observatorio remoto en la oscuridad, con un observador solo ante una presencia inexplicable, recuerda al cuento que H. G. Wells publicó en el Pall Mall Budget el 9 de agosto de 1894, ambientado en un observatorio de Borneo (lecturia.org/cuentos-y-relatos/h-g-wells-en-el-observatorio-astronomico-de-avu/21407/). Y el regreso de un Holmes que había fingido su muerte para operar libremente contra una red criminal sigue el patrón de La casa deshabitada, de 1903, donde el detective usa un busto de cera y una casa vacía frente a Baker Street para capturar al coronel Moran (es.wikipedia.org/wiki/La_casa_deshabitada). La nota final sobre el asteroide bautizado a partir de placas ajenas refleja un problema verdadero de la astronomía del siglo XIX: la prioridad de un descubrimiento se decidía por quién publicaba primero las mediciones, no por quién tomó las placas.