Palabras de S.A.R. la Princesa de Asturias en la entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026
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Palabras de S.A.R. la Princesa de Asturias en la entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026
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Permítanme que abra una ventana al pasado. Situémonos, estamos en 1981, en este mismo escenario y durante la primera entrega de estos premios. Anuncian el de Comunicación y Humanidades y sale, con una notita en la mano, José Ortega Spottorno. La nota es de María Zambrano, primera y única mujer premiada en aquel año en que empezó a caminar esta fundación. La filósofa y escritora llevaba exiliada cuatro décadas y, al agradecer el premio, dijo a mi padre que en él “se enciende una luz en la que aletea una presencia donde se juntan lo joven y lo inédito, esperanza de una historia que se abre”.
Mi padre va hoy camino de los 60, pero aquella tarde tenía 13 años. En sus palabras, María Zambrano se refería no sólo a la fundación, no sólo a España, a aquella España de 1981. Hablaba de lo joven y lo inédito. Hablaba de esperanza.
Lo recupero para que pensemos en lo que ofrece ante las preguntas que muchos nos hacemos hoy. Y siento una mezcla de vértigo e ilusión, porque así es: Los jóvenes nos hacemos preguntas. Cómo mantener el entusiasmo en estos tiempos de desencanto social profundo, de descreimiento y desigualdades, de conflictos, extremismos, populismos, guerras tecnológicas, híbridas, realidades líquidas, realpolitik, amenazas, incertidumbre, todo amplificado además en las redes…, los números macroeconómicos y el coste de la vida… Tiempos también, no lo olvidemos, de esfuerzo y de trabajo callado de muchos, de perseguir la autenticidad frente a lo virtual, de debatir sobre el valor de la imperfección humana frente a la pretendida perfección de la máquina…
Cómo afronta mi generación semejante complejidad. Cómo digerimos la velocidad y el desencanto, lo que muchos consideran falta de expectativas e imposibilidad de planear una vida, tener un buen trabajo, una casa… Pero ante semejante caos; desde aquí, hoy, en Oviedo, cómo puedo mostrarme ante ustedes sincera, ni ilusa ni apocalíptica, ni cínica ni dramática. ¿Cómo transmito aquí el sentido y la importancia que tiene observar con atención a nuestros premiados, por cuanto contribuyen a mantener nuestra capacidad de asombro, de curiosidad, y nuestra necesidad de confiar? Porque sí, necesitamos confiar. ¿Son estos tiempos más oscuros que otros anteriores? ¿Tiene sentido venir cada año a Oviedo para agradecer a estas mujeres y estos hombres que se sientan hoy aquí, en este escenario, que tengan una vida y una obra que nos ayuda a confiar?
Lo tiene.
Lo tiene porque estudiar a Timothy Garton Ash nos ayuda comprender lo que sucede en Europa. Sostiene Garton Ash que, pese a lo exhibido por determinados actores hegemónicos, la Unión Europea, junto al Reino Unido, tiene ahora en un mundo claramente post occidental la oportunidad de apuntalar los valores sobre los que se edificó. Y debe hacerlo, insiste, con la necesidad clara de reformar las prácticas actuales para reforzar la seguridad y la defensa, “europeizarla” afirma Garton Ash, implementar el informe Draghi, crear un espacio digital único, buscar el modo, en definitiva, de aunar las políticas europeas con las políticas nacionales para seguir progresando. Parece oportuno, por tanto, leer y estudiar a este historiador oxoniense que escribe como académico y mira como reportero, y que se ha ganado a pulso el título de “británico más europeo”.
Y fíjense si tiene sentido evocar aquí la obra de los estudios Ghibli. En mi caso, mi recuerdo se remonta a la siguiente escena: mi madre nos lleva a ver Ponyo en el acantilado. ¡Para Sofía es su primera peli en un cine! No llega a los dos años y está sentada en el regazo de mi madre. Yo me quedo hipnotizada con la historia. Mi hermana aguanta más o menos, se remueve un poco, pero también se deja llevar por la animación insuperable y sabia de ese estudio que, desde entonces, ha sido parte de nuestra educación. Porque el cine educa, claro, incluso cuando no se lo propone. Y las películas de Ghibli muestran princesas guerreras y valientes, respeto a la naturaleza; el silencio y la contemplación importan en el arte universal que es la animación y que los estudios Ghibli dotan de artesanía meticulosa y humanismo.
Y no sé si habrá ejercicio con más sentido que leer a Julian Barnes. Háganlo si quieren reír, llorar, derrumbarse o entusiasmarse. Todo a la vez. Se despide con un libro de memorias que es prodigio y es tristeza, donde aborda con inteligencia y oficio su cáncer de sangre ¡y su vida entera! Con recuerdos imperfectos, amores frágiles, el tiempo que todo lo transforma y la muerte, que es inevitable. Dice Barnes que es un optimista melancólico y un pesimista alegre. Y dirá lo que quiera, porque donde hurga usted, señor Barnes, es en el más esencial y precioso sentido de la existencia humana, y ninguna IA podrá replicar la emoción que provoca su obra.
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