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“Reliquia” Rosalía. LUX Tour. Miami, 16 de septiembre, 2026

Shayra Ramírez

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“Reliquia” Rosalía. LUX Tour. Miami, 16 de septiembre, 2026

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Shayra Ramírez
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Procesar la magnitud de lo vivido el pasado 16 de septiembre era una tarea necesaria en el concierto de Rosalía. Es evidente que no se trata de un espectáculo para todos los públicos. Habrá quienes no logren conectar con su particular estilo vocal o quienes simplemente no disfruten del tipo de música que compone. Sin embargo, más allá de los gustos personales, es imposible negar el nivel de excelencia técnica desplegado. El show fue, en una sola palabra, vanguardista. Lo defino como una auténtica oda al espectáculo moderno que fue desafiando cualquier límite convencional sobre el escenario. Aún pienso en ello y me quedo en total perplejidad. Sin temor a equivocarme, es de todos los que he visto, el espectáculo más fuera de serie del que he sido testigo por su impresionante puesta en escena. El recital no fue una simple presentación musical; fue una experiencia donde convivieron en perfecta armonía la solemnidad de una misa, la sofisticación de la música clásica, la energía visceral de la música electrónica y la rigurosa elegancia del ballet, fusionando tradición y futuro en un mismo espacio. Detrás de cada segundo sobre el escenario hubo una preparación feroz e intensa, ejecutada con una perfección milimétrica donde nada quedó al azar. Pero esa rigidez técnica y vanguardia conceptual no la alejan de la gente; al contrario, el show también conmueve y conecta profundamente gracias a la calidez y sencillez que ella misma proyecta. En medio de un montaje tan imponente, Rosalía logró conmover al público del Kaseya, mostrándose increíblemente grata y cercana y rompiendo la barrera del escenario con una humanidad que desarma a cualquiera. Una pieza imprescindible de esta proeza, por llamarlo de algún modo, es la majestuosa presencia de la Heritage Orchestra en directo. En el corazón del escenario, una imponente sección de 22 músicos ejecuta cada transición con un gran poderío. Al frente de este ensamble se encuentra la genialidad de Yudania Gómez Heredia (conocida artísticamente como Yudi Heredia), una talentosísima directora coral nacida en Clara, Cuba, quien acaba de firmar un contrato exclusivo con la legendaria discográfica Decca Records para el lanzamiento de su propio álbum. Aunque Yudi posee una sólida formación en piano, órgano y música sacra, ha alcanzado un gran reconocimiento internacional gracias a su talento multidisciplinar, la composición y la dirección musical. Su dirección no es solo técnica, es pura pasión corporal misma que demuestra al bailar con una energía arrolladora. Gran parte de la genialidad conceptual del montaje recae también en el diseño del desplazamiento de los bailarines. Los coreógrafos principales y directores artísticos de todo el movimiento coreográfico son Marine Brutti, Jonathan Debrouwer y Arthur Harel, quienes forman el aclamado colectivo artístico (LA)HORDE, directores del Ballet Nacional de Marsella. Ellos fueron los encargados de conceptualizar la fusión de danza contemporánea, elementos teatrales, la expresividad de los mimos (danza-teatro) y las complejas formaciones de los bailarines en escena. El colectivo es famoso por trabajar en la frontera entre el pop, el arte contemporáneo y el ballet clásico. En cuanto al Ballet Clásico de Rosalía, para los momentos en los que aparece usando tutú y subiéndose a las puntas (como en el acto inspirado en las bailarinas de Edgar Degas y El lago de los cisnes), la artista contó con un entrenamiento intensivo y asesoría directa de Tatiana Yerakhavets, una destacada prima ballerina y profesora de danza clásica que preparó personalmente a Rosalía durante meses para dominar las bases técnicas del ballet, necesarias para el arranque dramático de la gira. A este equipo se sumaron otros colaboradores del movimiento. El despliegue coreográfico del LUX Tour también integró la genialidad de colaboradores de conciertos anteriores, como la célebre coreógrafa estadounidense Charm La'Donna, asegurando que los momentos más enérgicos y pop mantuvieran la esencia urbana y milimétrica que caracteriza a la artista. Fue un despliegue de genialidad colectiva que, guste o no, redefine por completo lo que significa hacer un show en vivo. Presenciar una puesta en escena de este calibre nos recuerda que la música en directo aún tiene territorios inexplorados. Salí del Kaseya Center con la certeza de haber presenciado un antes y un después en la historia del entretenimiento pop. En definitiva, la verdadera genialidad no busca complacer a todo el mundo, sino dejar una huella imborrable en quienes deciden abrir los ojos ante ella. ¡Fue algo grandioso!