Rompió sus prisiones | Salmo 107: 14
Mision Bautista Reformada de Tabasco
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Salmo 107:14 — "Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones."
Este versículo se encuentra en la segunda sección del Salmo 107, que narra la redención de los cautivos en tinieblas (vv. 10-16). El salmista acaba de describir su condición: moradores de tinieblas y de sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros, y todo ello como consecuencia de su rebelión contra las palabras de Jehová (vv. 10-11). Habían caído, y no había quien los ayudara (v. 12). Clamaron a Jehová en su angustia, y Él los libró (v. 13). Ahora el salmista describe la liberación: "Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones" (v. 14). No solo los sacó; rompió sus prisiones. No solo los libró; destruyó las cadenas. La liberación de Dios es completa y definitiva.
El pecado aquí expuesto es la esclavitud que el pecado produce. El hombre natural cree que es libre, pero está cautivo. "Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado" (Juan 8:34). Las tinieblas no son solo falta de luz; son ceguera espiritual. La sombra de muerte no es solo un peligro; es una condición del alma separada de Dios. Las prisiones no son solo cadenas externas; son ataduras internas: hábitos, adicciones, patrones de pensamiento, afectos desordenados. Y lo peor es que el cautivo no puede liberarse a sí mismo. Necesita que alguien venga de fuera, rompa las cadenas y lo saque de la prisión. La autosuficiencia es la ilusión del preso que cree que puede escapar por su propio esfuerzo.
Mas he aquí la gracia: Aquel que saca de las tinieblas y rompe las prisiones es el mismo que envió a Su Hijo a ser nuestra luz y nuestra libertad. Cristo Jesús declaró: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8:12). Y también: "Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres" (Juan 8:36). Él no solo vino a enseñarnos el camino; vino a ser el camino. No solo vino a mostrarnos la puerta; vino a ser la puerta. No solo vino a decirnos que podemos ser libres; vino a romper nuestras cadenas con Su muerte y resurrección. Donde nosotros estábamos presos, Él fue aprisionado. Donde nosotros merecíamos las tinieblas, Él sufrió la oscuridad del juicio en la cruz. Y al tercer día resucitó, rompiendo las puertas del sepulcro y desmenuzando los cerrojos de la muerte. Su resurrección es la garantía de nuestra liberación.
Oh alma, no vivas como si aún estuvieras preso. Cristo ya rompió tus prisiones. No vivas en tinieblas cuando la luz del mundo te ha llamado. No te resignes a la esclavitud cuando el Hijo te ha libertado. Corre a Cristo, que es tu Libertador, y camina en la libertad que Él te ha ganado. Y si aún hay cadenas que te atan, clama a Él; Él oye, Él libra, Él rompe. La libertad no se gana; se recibe. Amén.