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El tesoro escondido en este lugar del Perú puede cambiarlo todo

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El tesoro escondido en este lugar del Perú puede cambiarlo todo

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El tesoro escondido en este lugar del Perú puede cambiarlo todo Conviértete en miembro de este canal para disfrutar de ventajas:    / @canalthe   Cuando se extrae un mineral, no todo se aprovecha. Lo que sobra después del procesamiento se llama relave: una mezcla de roca molida, agua y restos de metales que se acumula en grandes depósitos. Durante décadas, muchas minas dejaron esos relaves abandonados, sin control. En el Perú, esos restos tienen nombre oficial: pasivos ambientales mineros. Y son muchísimos. Según la última actualización del Ministerio de Energía y Minas, publicada en julio de 2026, el país tiene 6.115 pasivos ambientales mineros inventariados. De ellos, unos 740 están clasificados como de alto o muy alto riesgo, según los organizadores del simposio internacional PACMIN 2026. Limpiarlos todos costaría una fortuna. Y aquí es donde aparece una idea distinta. Quiulacocha, el pasivo número 6752 Uno de esos depósitos está en el distrito de Simón Bolívar, en Pasco. Se llama Quiulacocha y figura en el inventario oficial como el pasivo ambiental minero N.° 6752. Lleva más de seis décadas acumulando relaves de la histórica actividad minera de la zona. La empresa estatal Activos Mineros (AMSAC), encargada de remediar estos pasivos, calculó que limpiarlo de la forma tradicional habría costado unos S/ 550 millones de dinero público. Pero en lugar de gastar ese dinero, el Estado hizo algo diferente. Límpialo y quédate con los metales” El 12 de octubre, AMSAC adjudicó en subasta pública el reaprovechamiento de los relaves de Quiulacocha a Cerro de Pasco Resources, una empresa de capitales canadienses. La idea es sencilla y poderosa: la empresa reprocesará los relaves para recuperar los metales que todavía contienen y, a cambio, asumirá las obligaciones ambientales para estabilizar y recuperar el depósito. ¿Y qué hay dentro? La compañía menciona entre sus metales de interés la plata, el zinc, el plomo, el cobre, el oro y el galio. Este último es especialmente llamativo: el galio se usa en semiconductores, chips y tecnología LED, y hoy es considerado un mineral estratégico en la competencia tecnológica mundial. Los números Según AMSAC, durante los 21 años estimados de operación el proyecto contempla: Más de S/ 500 millones en pagos y aportes contractuales para el Estado. Un fideicomiso social de unos S/ 20 millones para obras y proyectos en las comunidades de la zona. El ahorro de los S/ 550 millones que habría costado la limpieza. En total, la entidad estatal estima que los beneficios y ahorros superarían los S/ 1.000 millones. “Nuestro principal objetivo es que los beneficios de esta transformación lleguen a la población de Quiulacocha y Cerro de Pasco”, afirmó el gerente general de AMSAC, Dante Aguilar. Eso sí, todavía falta camino. La empresa aún no ha definido cuántos recursos minerales hay en el depósito según la norma canadiense NI 43-101; sigue perforando y haciendo estudios. Faltan la firma de los acuerdos definitivos, los permisos ambientales y el diálogo con las comunidades. Por eso, las cifras son proyecciones, que dependerán de cómo avance el proyecto. Lo que puede cambiar en el Perú Ahí está la clave de lo que acaba de pasar en Pasco. Si el modelo de Quiulacocha funciona, la propia AMSAC lo considera un caso “icónico” que podría repetirse en otros pasivos mineros del país cuyos residuos todavía tengan valor. Y el Perú tiene más de 6.000. Imagínalo por un momento: depósitos abandonados durante décadas que dejan de ser una amenaza para las comunidades y se convierten en fuente de trabajo, de ingresos para el Estado y de fondos para los pueblos que convivieron con ellos. Sin abrir una sola mina nueva. Solo mirando de otra forma lo que ya estaba ahí. Suscribete a The +    / @thepodcast1098   Suscribite a The Noticias    / @canalthe   Suscribite a The 2    / @thenoticias2