Cuarta charla cuaresmal 2025. La esperanza de ser renovados. P. Daniel Gutiérrez
Escuela de Oración y Vida Espiritual - EOVE
0:00 / 0:00
Cuarta charla cuaresmal 2025. La esperanza de ser renovados. P. Daniel Gutiérrez
123 просмотра · 1 год назад
Escuela de Oración y Vida Espiritual - EOVE
7,97 тыс. подписчиков
123 просмотра · 1 год назад
#cuaresma #cuaresma2025 #esperanzacristiana
Por P. Daniel Gutiérrez García
CUARTA CHARLA CUARESMAL
LA ESPERANZA DE SER RENOVADOS
1. Sin esperanza no hay una fuerte renovación
Todo el Antiguo Testamento tiende a la esperanza. Dios viene a restaurar su Reino, a establecer su Alianza, viene para hacer un nuevo pueblo, una nueva humanidad con un nuevo corazón, una nueva Jerusalén, un templo nuevo, en definitiva, Dios viene para hacerlo todo nuevo: «Mira que hago un mundo nuevo» (Ap 21,5).
Dentro de esta esperanza hacia una fuerte renovación y conversión del corazón es lícito soñar y poner empeño para que el sueño que Dios pone en nuestro corazón se realice. Puedes soñar con una Iglesia que es Puerta Santa, abierta, que acoge a todos, llena de compasión y de comprensión; una Iglesia que es Palabra, que muestra el libro del Evangelio por todos los rincones de la tierra, luz para la vida y fuerza de salvación; una Iglesia que es Pan, Eucaristía, que se deja comer por todos para que todos tengan vida en abundancia; una Iglesia apasionada por la Unidad, para que se realice el sueño de Jesús de que todos sean uno, para que el mundo crea (cf Jn 17,21); una Iglesia que está en camino, orando y cantando, y va al encuentro de Jesús Resucitado; una Iglesia que lleva en su corazón el fuego del Espíritu Santo, y donde está el Espíritu hay libertad y diálogo sincero con los jóvenes, con los pobres y con los marginados; y una Iglesia que es Testigo de Esperanza y de Amor.
Pero, ¿qué le está pidiendo Jesús a la Iglesia?
Jesús quiere una Iglesia pobre, él que no tenía casa para celebrar la última cena, que no tenía donde reclinar la cabeza y que ofrece el supremo sacrificio en la cruz, despojado de sus vestiduras.
Jesús quiere una Iglesia de servicio, él que se arrodilla para lavar los pies a los discípulos.
Jesús quiere una Iglesia que ame a María, su Madre, cuando desde la cruz confía a María y a Juan, y derrama sobre ellos el Espíritu.
Jesús quiere una Iglesia misionera que dé testimonio del amor que Dios nos tiene.
Jesús quiere una Iglesia valiente, lanzada y arriesgada, pues él no le ha pedido al Padre que retire a sus discípulos del mundo, sino que los guarde del Maligno (cf Jn 17,15).
Jesús quiere una Iglesia que guarde como un tesoro el mandato del amor, un amor que lleva a la unidad, para que todos seamos reflejo del amor y la unidad del Padre, el Hijo y el Espíritu.
2. La oración constante fortalece la esperanza
El mandato de Jesús «Es preciso orar siempre, sin desfallecer» (Lc 18,1) marca nuestra vida, es la frase que puede ungir nuestra alma para vivir siempre como peregrinos de esperanza. Es una gracia y cuando falta la oración falta la vida en el Espíritu, la oración es la respiración del alma.
3. Ante los motivos para venirse abajo, la esperanza
Nos encontramos «a la escucha de un mundo en transformación», donde se nos invita con frecuencia a renovar nuestra visión del mundo, a revitalizar la esperanza y la solidaridad.
Frente a la marea de miserias, desgracias y urgencias con que los informativos nos inundan continuamente, es forzoso elegir entre el «blindaje de supervivencia» o la desesperanza. Ante tal situación el individuo se repliega, ya no busca lo comunitario porque no quiere ser herido, cayendo en un individualismo egoísta.
En un tiempo de crisis en muchas dimensiones de nuestra sociedad y de nuestro mundo la Iglesia está llamada a transmitir esperanza y sobre todo la esperanza de la vida eterna, pero antes de alcanzar la vida eterna somos llamados a que la Palabra se haga carne en nosotros. ¿Cómo será posible esto? Solo hay una respuesta: el amor. Cómo cambiaría nuestra vida si hiciéramos vida estas sencillas palabras del Hermano Rafael: «Quisiera dar gritos de alegría y decir a toda la creación: Alabad al Señor, amad al Señor. Es tan bueno, es tan grande..., es Dios. Y siempre. Amarle en el silencio. El mundo no ve, es ciego, y Dios necesita amor, mucho amor. Yo no puedo darle todo; soy muy pequeño; me vuelve loco. Quisiera que mis hermanos, mis amigos, todos, le amasen mucho; así yo descansaría un poco. Señor, ¿qué hago? Amar, amar...».
4. Para meditar
1. ¿Vives la "psicología de la tumba" apegada a la tristeza o, por el contrario, vives una fuerte esperanza en el Dios de la Vida que no deja de amarte?
2. ¿Vives el equilibrio entre espiritualidad y compromiso, contemplación y acción, fe y responsabilidad histórica? ¿Cómo lo consigues? ¿Cuándo se rompe este equilibrio?
3. ¿Qué es lo que te hace replegarte a ti mismo y no abrirte a la esperanza?
4. ¿Cómo colaboras con Dios para avivar la esperanza cristiana en la Iglesia y en ti mismo?
5. ¿Qué signos de esperanza encuentras en tu familia, en tu comunidad y en tu ambiente?