Por qué solo África produjo humanos: la grieta que lo cambió todo
La Última Cueva
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Por qué solo África produjo humanos: la grieta que lo cambió todo
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La historia parecía sencilla: Africa se secó, los bosques desaparecieron y nuestros antepasados se pusieron de pie para ver sobre la hierba alta. Lógico, ordenado… y completamente equivocado.
Hace 25 millones de años, la placa africana comenzó a romperse en dos. El resultado no fue solo un paisaje distinto, sino una barrera de montañas volcánicas que bloqueó los vientos del océano Índico, secó el este del continente y convirtió aquel territorio en un mosaico brutal de bosques, praderas, lagos profundos y valles escarpados comprimidos en distancias cercanas. Ese caos geológico obligó a ciertos simios arborícolas a bajar de los árboles y cruzar espacios abiertos sin ramas ni refugio. Pero además hizo algo más: enterró cada prueba bajo capas de ceniza volcánica, creando el archivo fósil más rico del mundo.
En 2001, el paleontólogo francés Michel Brunet desenterró en el desierto de Djurab, en Chad, un cráneo aplastado tras 7 millones de años bajo la arena. El foramen magnum, el agujero donde entra la médula espinal, apuntaba hacia abajo, no hacia atrás como en los chimpancés. Aquella criatura, bautizada Toumaï, caminaba erguida o estaba empezando a hacerlo, y vivía a miles de kilómetros del valle del Rift, donde la ciencia había colocado el único origen humano posible. El mapa tuvo que reescribirse.
El episodio recorre también el trabajo del antropólogo Rick Potts con núcleos de sedimento de antiguos lagos africanos, la hipótesis de selección por variabilidad climática, la evidencia de depredación sobre Paranthropus robustus en Swartkrans, y los fósiles de Jebel Irhoud en Marruecos datados en 300.000 años. Al terminar, entenderás por qué África no produjo humanos a pesar de su violencia geológica y climática, sino precisamente gracias a ella.