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EL PERSEO - Primera discoteca gay del Perú

AUSENCIA CULTURAL

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EL PERSEO - Primera discoteca gay del Perú

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Javier Ponce Gambirazio resume la historia de El Perseo, la primera discoteca gay del Perú. El 12 de junio de 1981, Mario Carozzi junto a su hermano Renzo, inauguran El Perseo, la primera discoteca gay de la historia del Perú. Por supuesto que habían existido pequeños bares, pero la primera discoteca, el primer local de esas dimensiones, fue El Perseo. CRÓNICAS MARICAS: https://www.buscalibre.pe/libro-croni... OTRAS CRÓNICAS MARICAS: https://www.buscalibre.pe/libro-otras... Acabábamos de salir de 12 años de dictadura militar y El Perseo se constituyó en nuestro primer territorio gay. Como un enclave donde nuestra nacionalidad, ser maricón, no era pecado, delito, ni enfermedad. En ese sótano de la Avenida Aviación 2514, conocimos a otros homosexuales. Como nosotros, pero también distintos. De diferentes orígenes, tipos familiares, edades y realidades socioeconómicas. Pero ahí todos éramos lo mismo y compartíamos la misma marginalidad. En esa cueva de las Gorgonas, funcionaba una utopía donde esas pequeñas diferencias suponían una riqueza. Hubiera sido muy estúpido discriminarnos por tonterías, cuando ya veníamos de ser discriminados de afuera. En esta zona franca, al fin pudimos tener amigos con los que no había que esconder que eras mariquita. Y ahí formamos esa primera idea de tribu, esa identidad que nos hizo sentir que podíamos hacer la diferencia. No hubo organizaciones políticas de ningún tipo que nos ayudara. Fue un movimiento autogestionado de apuntalarnos unos a otros en ese terremoto llamado Perú de los 80. Hay que decirlo, ninguna de las libertades que hoy tenemos hubiera sido posible si no hubiera existido El Perseo. Pero El Perseo no solo fue una discoteca. Fue un gran escenario donde Mario Carozzi montó las primeras revistas travestis y transformistas de nuestra historia. Un movimiento cultural y artístico de altísimo nivel del que salieron personajes esenciales que luego dieron la cara en los medios, como Coco Marusix y Ernesto Pimentel. Pero antes de ellos, tuvimos a un pionero, un personaje inmenso del transformismo llamado Javier Temple, que en 1973, al año siguiente de haberse estrenado la película Cabaret, actuó como Joel Grey, al lado de la famosa vedette Teresa Dávila, en La Gran Revista, un programa en Panamericana Televisión dirigido, nada menos que, por Pepe Vilar. El 1976, hizo Cabareteando en el Urpi, vestido de Carmen Miranda y en 1979 interpretó por primera vez en el Athenas Club, a Josephine Baker cantando un tema que sería icónico en su carrera: Paris Paname. Con la dirección coreográfica de Miguel Maguiña, profesor del Ballet Nacional, se presentó en El Perseo, la primera revista travesti donde nacieron las estrellas de esta primera generación, la talentosa Vicky Hans y la estupenda Gaby Montes. Con ellas, surgieron Fedora, Fanny y Madeny. Y tres extraordinarios genios que demostraron que lo esencial era el talento, más que la juventud y la belleza: Cucho Paz, Eugenio Betancourt y Mario León. Pero como Mario Carozzi no quería que los shows lucieran tan clásicos, llamó a Armando Barrientos, que había trabajado en Broadway y tenía a su cargo todas las coreografías de la televisión, a Julio Cajas para que se ocupara de las plumas y los tocados. Y, como si fuera un importante ministerio, Gaby Montes asumió la cartera del vestuario. En el año 1982, aprovechando que el Miss Universo se llevaba a cabo en Lima, El Perseo organizó el Miss Universo Gay. En esa ocasión, Marisol Malpartida se hizo con la corona y Coco Marusix quedó segunda. Pero esa noche había nacido una estrella. Luego se unieron al elenco, la impecable Naamin Timoycco, el cuerpazo de Andrea Yáñez, la fuerza indómita de Gina Pantera, la brillante personalidad de Toño Rodríguez, conocido más adelante como Toñizonte, la enigmática Fátima Roitman y un tremendo bailarín que venía de las canteras de Yola Polastry. Nuestro primer Drag Queen, el inigualable, Jossie Tassi. Ellos eran nuestras estrellas, pero Mario Carozzi nunca olvidó el compromiso que había asumido consigo mismo, pero especialmente con nosotros. Gracias, Mario, porque cada vez que presentabas un espectáculo, tanto en El Perseo, como el Gitano 2050 y el Legendaris, los siguientes territorios que nos ofreciste durante 40 años, terminabas diciendo: Donde lo más importante, eres tú. Ese “Tú” éramos nosotros, la gente, las locas anónimas que por fin teníamos un sitio donde gritar, chillar, loquear y soltar la trenza sin miedo. Un lugar donde nos atrevimos a ser libres y donde incluso soñamos que podíamos ser felices.