Mi esposo está resentido conmigo porque invité a su mejor amigo el día del parto en vez de a él
El Chismesaurio
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Mi esposo está resentido conmigo porque invité a su mejor amigo el día del parto en vez de a él, y le quiero poner su nombre a nuestro hijo. En vez de alegrarse porque su mejor amigo es atento conmigo.
Terminé de parir con las piernas todavía temblando, el bebé dormido en la cuna transparente y el administrativo de la clínica mirándome como si yo fuera una estafadora porque en el formulario decía que el responsable de pago era Javier y mi esposo se había ido diciendo que él no iba a firmar nada. El mejor amigo desapareció pasillo abajo, Cristian había salido indignado rumbo a administración, y yo me quedé ahí, con los puntos frescos y la bata abierta, escuchando números que parecían teléfonos cuando hablaban de la cuenta. En esa escena, la única persona que no estaba haciendo un drama, irónicamente, era la que acababa de sacar a un ser humano de su cuerpo. Desde el embarazo, yo siempre tuve la sensación de que Cristian estaba presente, pero en piloto automático. Enviaba dinero puntual, preguntaba por los controles médicos, respondía con un mensaje rápido cuando le mandaba una ecografía, pero todo era desde una pantalla. Emoji de pulgar arriba, emoji de carita con corazones, foto de su escritorio diciendo que estaba ocupado. Él cumplía como proveedor, claro, nadie podía negarlo, pero el embarazo se sentía como algo que llevaba sola en el cuerpo y él llevaba en una foto de perfil. En cambio, Javier sí estaba físicamente ahí. Cuando Cristian decía que no podía salir de la oficina porque había cierre de mes, el que aparecía con el carro era Javier. Me recogía, me llevaba a la clínica, se sentaba conmigo en la sala de espera mientras yo sentía al bebé moverse y miraba a las otras parejas que sí habían venido juntas. Me sujetaba la cartera, el abrigo, los papeles, hacía chistes para que no me pusiera nerviosa con las ecografías, preguntaba por el peso del bebé, por el tamaño, por la fecha probable de parto. Nunca se cayó el mundo por eso, nadie se quejó, Cristian incluso decía que era un alivio que su mejor amigo me acompañara. Esa dinámica empezó a parecer lo normal. Cristian mandaba capturas de pantalla de reuniones interminables y Javier era el que me acompañaba a comprar pañales, bodies, la pañalera.
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