«"Si No Vendo Todos Los Chicles, Mi Tía Me Pega" — Le Dijo La Niña Al Jefe De La Mafia En El Semáfor
Nadie Es Invisible
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«"Si No Vendo Todos Los Chicles, Mi Tía Me Pega" — Le Dijo La Niña Al Jefe De La Mafia En El Semáfor
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A las nueve menos veinte de la noche, en el semáforo del bulevar Cinco de Mayo, en Puebla, una niña de seis años con su hermanito de tres amarrado a la espalda en un rebozo no quiso el billete de veinte pesos que le ofrecía el hombre de la camioneta negra.
«No es limosna. Son chicles. Son cinco pesos cada uno.»
Y cuando él le preguntó por qué andaba tan tarde, ella contestó sin pensarlo: «Si no vendo todos los chicles, mi tía me pega.»
Se le subió la manga del suéter. Tenía el brazo lleno de moretones de distintos días.
Rigoberto Echeverría tenía en el dorso de la mano una cicatriz redonda del tamaño de una moneda de cinco pesos. A los siete años, en ese mismo semáforo, él también vendió chicles para un tío que le apagaba los cigarros en la mano cuando la caja no se acababa.
La «tía» de la niña no era su tía. Cobraba del gobierno por cuidar a cuatro niños que nunca iban a la escuela. Y un licenciado del DIF firmaba cada mes que estaban bien.
Lo que ese hombre descubrió después era peor: que el piso de esos semáforos lo cobraba gente que trabajaba para él.
Esta es la historia de una niña que no aceptaba regalos sin dar cambio, de un hombre que una noche de lluvia se amarró un niño a la espalda y se puso a vender chicles entre los carros, y de todo lo que tuvo que perder para que una niña dejara de pagar.