EX-DIACONISA REVELA: YO ECHABA SAL EMBRUJADA EN LA PUERTA DEL TEMPLO CADA SÁBADO
Relatos Oscuros de Medianoche
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EX-DIACONISA REVELA: YO ECHABA SAL EMBRUJADA EN LA PUERTA DEL TEMPLO CADA SÁBADO
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Durante diez años, cada sábado a medianoche, Amparo se hincaba en la banqueta de una iglesia en Tecomán, Colima, y echaba una línea delgada de sal gris en la puerta del templo. Era un servicio secreto. Solo lo conocían el pastor, su esposa y tres diaconisas. El pastor lo llamaba el pacto de sal. Ella obedeció sin preguntar, porque esa iglesia le había salvado la casa del embargo en la crisis del noventa y cinco. Hasta que un día su suegro le olió las manos y le dijo que esa sal venía de las eras de Cuyutlán, y que no era de la buena.
La iglesia se llenó en plena crisis, y el que intentaba irse no podía. Se quedaba parado en la puerta, con la boca sabiéndole a agua de mar, y regresaba a su silla. A los que se salían, todo les salía mal. Y cada año, siempre en mayo, se moría un hermano de la presión, aunque nunca hubiera estado enfermo. En unas salinas junto a la laguna, Amparo encontró cientos de eras con estacas numeradas, una bodega llena de sal gris con los sobres del diezmo enterrados adentro, y a un hombre que pasaba el rastrillo en las eras al atardecer sin dejar huella.
Lo peor lo descubrió cuando ya era tarde. Ella misma había llevado esa sal a la puerta de su hija. Y hasta arriba del montón, con letra de otra mano, estaban los nombres de su hija y de su yerno.
Esta es la historia de una mujer sencilla que confundió el miedo con la fe, y de la noche en que regresó a esa puerta con el último garrafón de agua que tenía en su casa. Escúchala hasta el final, y después cuéntanos aquí en los comentarios: ¿alguna vez has sentido un peso extraño al cruzar la puerta de una iglesia?