Escucha la Biblia en un año - Día 76
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Escucha la Biblia en un año
Episodio 76 — Día 76: Josué, capítulos 20 al 22
En este episodio de Escucha la Biblia en un año, continuamos nuestro recorrido por el libro de Josué, con los capítulos 20 al 22 del Antiguo Testamento.
Terminada la repartición de la tierra, el Señor establece orden, misericordia y unidad entre las tribus.
En el capítulo 20, Dios manda a Josué establecer las ciudades de refugio, tal como había hablado por medio de Moisés. Se designan seis ciudades: Cedes en Galilea, Siquem en el monte de Efraín y Quiriat-arba, que es Hebrón, en el monte de Judá, al oeste del Jordán; y al este del río, Beser en el desierto, Ramot en Galaad y Golán en Basán. Estas ciudades servirían para que el homicida que matara sin intención pudiera huir y salvarse del vengador de la sangre, hasta ser juzgado por la congregación y hasta la muerte del sumo sacerdote.
En el capítulo 21, se acercan los jefes de los levitas a Eleazar, a Josué y a los príncipes de Israel para reclamar su heredad. Conforme al mandato del Señor, los hijos de Israel dan de sus propias posesiones cuarenta y ocho ciudades con sus ejidos a los levitas, distribuidas entre sus familias: a los hijos de Aarón, de la familia de Coat, trece ciudades en Judá, Simeón y Benjamín; a los demás coatitas, diez ciudades en Efraín, Dan y la media tribu de Manasés; a los hijos de Gersón, trece ciudades en Isacar, Aser, Neftalí y Manasés en Basán; y a los hijos de Merari, doce ciudades en Rubén, Gad y Zabulón. Así, ningún israelita quedaba lejos de un levita que le enseñara la ley. El capítulo concluye recordando que Dios cumplió todas y cada una de las buenas promesas que había hecho a Israel: les dio la tierra, les dio descanso de sus enemigos y no faltó ni una palabra de lo que había prometido.
En el capítulo 22, llega un momento delicado y lleno de enseñanza. Josué despide con bendición a las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés, que habían cumplido su compromiso de ayudar a sus hermanos en la conquista, y las envía de regreso a su heredad al otro lado del Jordán, exhortándolas a guardar con diligencia el amar y obedecer al Señor. De camino, estas tribus edifican un gran altar junto al Jordán. Cuando el resto de Israel lo oye, se enciende la alarma y están a punto de ir a la guerra, pensando que se habían rebelado contra Dios. Envían a Finees y a los príncipes a pedir cuentas, y entonces los rubenitas, gaditas y manasitas explican su verdadera intención: no era un altar para holocaustos ni sacrificios, sino un testimonio para las generaciones futuras de que ellos también pertenecen al pueblo del Señor y tienen parte en su altar. El altar sería llamado Ed, que significa Testimonio. Al escuchar esto, la ira de Israel se apacigua y todos alaban a Dios.
Acompáñanos a descubrir estas enseñanzas sobre la justicia y la misericordia de Dios que provee refugio, la fidelidad absoluta de sus promesas, y la importancia de la comunicación y la unidad para evitar juicios apresurados, que nos invitan a ser refugio para otros, a confiar en que Dios cumple todo lo que promete y a preservar la comunión entre hermanos.
Escucha con atención, medita en el mensaje y, si lo deseas, vuelve a escuchar este episodio antes de dormir.
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Escucha. Relájate. Disfruta.