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Hasta que nos volvamos a ver【Lordas: Los guardianes del crepúsculo】

Lordas

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Hasta que nos volvamos a ver【Lordas: Los guardianes del crepúsculo】

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Donde antes ardían torres negras y la guerra marcaba cada horizonte, el viento comenzó a recorrer ruinas silenciosas llevando consigo el polvo de una era extinguida. Las cenizas se dispersaron y la tierra, paciente y sabia, inició su lenta sanación. Entre grietas de piedra brotaron los primeros tallos, frágiles al comienzo pero firmes con el paso de los días. La lluvia limpió los campos heridos y los ríos retomaron su antiguo canto, arrastrando lejos los ecos del dolor. La fauna regresó sin temor. Ciervos caminaron por antiguos campos de batalla, aves anidaron en murallas derruidas y el verdor cubrió las cicatrices como un manto sagrado. Los pueblos se alzaron otra vez; manos trabajadoras reconstruyeron hogares, caminos y puentes, y el sonido de martillos fue reemplazando al estruendo del acero. Las risas volvieron a escucharse en plazas que durante años conocieron solo el silencio. La derrota del mal no fue simplemente la caída de un tirano, sino el nacimiento de un amanecer distinto. La luz venció con perseverancia, no con arrogancia, y el sol se alzó aquella mañana con un brillo nuevo, cálido y prometedor, como si el mundo mismo hubiera decidido concederse otra oportunidad. Así comenzó la Nueva Era, una era de paz y tranquilidad en la que las espadas descansan y los campos florecen, donde las canciones hablan de esperanza en vez de advertencias y los niños crecen sin aprender primero el nombre del miedo. Con su misión cumplida, los Guardianes del Crepúsculo se marcharon sin desfiles ni coronas. Cada uno retomó su camino en silencio. La hechicera volvió a la búsqueda del conocimiento, el druida se internó en los bosques renacidos, el pirata dirigió su nave hacia horizontes libres, la clériga continuó llevando consuelo allí donde quedaban pequeñas sombras, y el guerrero dejó su espada en reposo, aunque nunca demasiado lejos de su mano. Partieron como viajeros comunes, pero sus hazañas quedaron grabadas en crónicas, en canciones y en la memoria del mundo. Algunos dicen que no se han ido del todo, que observan desde la distancia y que el destino aún entrelaza sus hilos con los del mundo. Y si alguna vez la oscuridad vuelve a alzarse creyendo que nadie la vigila, el llamado resonará otra vez. Entonces, cuando el alba y la sombra vuelvan a tocarse en el horizonte, los Guardianes del Crepúsculo regresarán, y con ellos nacerá un nuevo amanecer. Lyrics. La tormenta cesó en la cumbre oscura, el fuego se rindió al amanecer, la sombra que alzó su torre impura se deshizo en polvo al caer. Los ríos volvieron a hallar su cauce, las aves regresan al bosque en flor, la tierra respira sin el desgaste del odio, la ruina y el rencor. Y sobre los muros quebrados brotó la hiedra en espiral, las manos que empuñaron acero hoy siembran trigo y pan. Alas sobre cielos renovados, alas sobre tierras en paz, cruzando los años callados donde el alba vuelve a brillar. Sobre montañas y mares sin fin, sobre los ecos del ayer, seguiremos nuestro camino hasta que nos volvamos a ver. Se alzan ciudades de mármol claro donde hubo ceniza y dolor, campanas resuenan temprano anunciando un tiempo mejor. Los niños corren por campos verdes, sin conocer la noche cruel, y el viento susurra entre fuentes historias que no han de volver. Las espadas duermen guardadas, ya no reclaman canción, la guerra quedó en la memoria, no en el pulso del corazón. Alas sobre cielos renovados, alas sobre tierras en paz, cruzando los años callados donde el alba vuelve a brillar. Sobre montañas y mares sin fin, sobre los ecos del ayer, seguiremos nuestro camino hasta que nos volvamos a ver. Uno parte hacia el bosque antiguo, otro al mar que lo vio nacer, la hechicera vuelve a sus torres, el guerrero a su atardecer. Sin coronas ni tronos dorados, sin gloria que reclamar, pues su nombre ya está grabado donde el tiempo no puede borrar. Y así, cuando el alba selló la victoria, los Guardianes del Crepúsculo partieron en silencio. No hubo desfile ni estandarte, solo pasos que se alejaban bajo el cielo claro. Mas sus hazañas fueron escritas en piedra, en canto y en memoria. Porque los hilos invisibles del destino no se rompen… solo esperan. Y cuando la sombra vuelva a alzarse, cuando el mundo tiemble otra vez, la historia recordará sus nombres y el llamado cruzará los vientos. El ciervo regresa al valle dormido, la lluvia bendice el sembrar, las flores reclaman el nido que el invierno no pudo apagar. Donde hubo cadenas y miedo hoy resuena libre el cantar, y el mundo, cansado y herido, aprende de nuevo a soñar. Alas sobre cielos dorados, alas sobre el tiempo y el mar, cruzando senderos sagrados que el destino vuelve a trazar. Sobre montañas, tormentas y luz, sobre el pasado que fue, seguiremos más allá del horizonte… hasta que nos volvamos a ver. No es un adiós… solo un ciclo al terminar. El sol siempre vuelve a alzarse, y donde haya oscuridad… habrá quienes sepan regresar. (susurro final coral) Hasta que nos volvamos a ver…