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La Oración más Antigua y Poderosa: El TRISAGIO a la SANTÍSIMA TRINIDAD (Lunes, Octubre 26)

Diurnal Saints

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La Oración más Antigua y Poderosa: El TRISAGIO a la SANTÍSIMA TRINIDAD (Lunes, Octubre 26)

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Te invitamos a unirte a la oración más antigua: el Trisagio de la Santísima Trinidad. El Trisagio es un himno dedicado a la Santísima Trinidad, en el que proclamamos tres veces la palabra «SANTO». Esta oración tiene su origen en Dios mismo, quien la inspiró al profeta Isaías (cf. Is 6:1-8), cuando escuchó a los serafines cantar para exaltar la gloria del Creador. «Unos serafines estaban por encima de Él; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían su rostro, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y se decían unos a otros: “¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos! Toda la tierra está llena de su gloria”» (Isaías 6:2-3). __________________________________________________________________________________________ REFLEXION: Cuida tus palabras y aquello de lo que te ríes Como católicos, debemos recordar que nuestras palabras y nuestras risas también reflejan lo que llevamos en el corazón. No todo lo que causa gracia es bueno, ni todo lo que hace reír a los demás agrada a Dios. A veces, por encajar, por divertirnos o por seguir la corriente, nos reímos de la desgracia ajena, humillamos a alguien con una broma o participamos en conversaciones que hieren la dignidad de otras personas. Pero lo que para nosotros puede parecer un simple chiste, para alguien más puede convertirse en una herida profunda. Dios no solo escucha lo que decimos; también conoce la intención que hay detrás de nuestras palabras y aquello que celebramos con nuestra risa. Jesús nos llama a amar al prójimo, y ese amor también se demuestra cuando elegimos callar antes que ofender, defender antes que burlarnos y retirarnos de una conversación que no hace bien. Antes de hablar o reírnos de algo, preguntémonos: ¿esto refleja el amor de Cristo? ¿Edifica o humilla? ¿Me sentiría cómodo si Jesús estuviera a mi lado escuchándome? Recordemos que nuestra boca debe ser instrumento de bendición, no de destrucción. Que nuestras palabras consuelen, que nuestras bromas no lastimen y que nuestras risas nunca se alimenten del sufrimiento de los demás. Porque una fe verdadera no solo se demuestra cuando oramos, sino también en lo que decimos, en lo que permitimos y en aquello de lo que nos reímos.