🎸Nos vamos a Casa - PMC🎤
Proyecto Metal del Cielo
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Proyecto Metal del Cielo
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SI ESTAS FUERAN MIS ÚLTIMAS PALABRAS
Si un día mi voz deja de escucharse en esta tierra, no quiero que mis últimas palabras hablen de mí. No quiero que recuerden lo que hice, lo que escribí, lo que canté o aquello que alguna vez pude alcanzar. Todo eso es pasajero. Los nombres se olvidan, las canciones dejan de sonar, los libros se cierran y las obras humanas terminan. Pero Jesucristo permanece para siempre.
No fui un hombre perfecto. Fallé, pequé, herí y tomé decisiones de las que tuve que arrepentirme profundamente. Hubo momentos en los que me alejé de lo que sabía que era correcto y pensé que ya no había esperanza para mí. Pero Jesús tuvo misericordia. Cuando no valía nada por mis propios méritos, Él me amó. Cuando caí, me levantó. Cuando me perdí, salió a buscarme. Y si hoy permanezco de pie, no es porque haya sido fuerte, sino porque Su gracia fue más grande que todos mis pecados.
Por eso, si un día me corresponde presentarme delante de Dios, quiero que quienes me aman recuerden una sola cosa: Jesús es la respuesta. No PMC, no una canción, no un libro, no un ministerio y mucho menos mi nombre. Nada de eso puede salvar un alma. Solo Jesucristo murió por nosotros, resucitó, perdona al pecador arrepentido y ofrece vida eterna.
A mi esposa, a mis hijas, a mi familia y a mis amigos: los amo profundamente. Pero mi mayor deseo no es solamente haber compartido esta vida con ustedes. Mi mayor deseo es volver a verlos en la casa del Padre. Tal vez alguno de nosotros partirá primero y los demás llegarán después. No sabemos quién será llamado ni cuándo sucederá. Lo único importante es estar preparados y permanecer en Cristo.
Cuando llegue ese día, no lloren como quienes no tienen esperanza. No busquen mi voz entre las cosas que dejé. No me busquen en una canción, en una fotografía ni en un recuerdo. Busquen a Jesús. Aférrense a Él. Entréguenle verdaderamente su vida. Y cuando el dolor les diga que todo terminó, recuerden que, para quienes están en Cristo, la muerte no es el final: es la llegada a casa.
No cambien la eternidad por unos cuantos años en este mundo. No permitan que el pecado, el orgullo, el dinero, la fama, el resentimiento o los placeres momentáneos les hagan perder aquello que Jesús compró con Su sangre. El viaje fue pagado en la cruz, pero debemos permanecer en Él. No abandonen la fe. No se aparten del camino. No falten ese día.
Y si estas fueran mis últimas palabras, quiero que sean estas:
Arrepiéntanse, crean en Jesucristo y vivan para Él. Jesús es el único Salvador. Jesús es nuestra esperanza. Jesús es el camino a la casa del Padre.
Yo no sé cuánto tiempo me queda, pero mientras tenga voz hablaré de Él. Mientras tenga fuerzas procuraré anunciar que todavía hay perdón, restauración y vida nueva. Y cuando ya no pueda decir nada más, deseo que mi vida, con todas sus heridas y restauraciones, continúe señalando a Cristo.
No me recuerden como un hombre que nunca cayó. Recuérdenme como un pecador al que Jesús levantó.
Y cuando ustedes también terminen su carrera, espero encontrarlos allí, delante del Señor, para abrazarlos nuevamente y decirles:
Llegaron. Estamos en casa.