SIONISMO SIGNIFICA lo que EL CENSOR de IZQUIERDA de TURNO DECIDA
Juan Soto Ivars
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SIONISMO SIGNIFICA lo que EL CENSOR de IZQUIERDA de TURNO DECIDA
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Ariana Harwicz desapareció del programa de Cultur.ALH después de que varios colectivos
cuestionaran su posición sobre el boicot cultural a Israel. Esto, después de lo del Festival
de las Ideas deja claro que a nivel de libertad de expresión, como país damos vergüenza.
CULTUR-ALH arranca este 21 de septiembre en Granada con una ausencia que ha eclipsado buena parte de su programación. Ariana Harwicz, escritora argentina afincada en Francia, había sido invitada a participar el día 26 en una conversación titulada “Oponerse al mundo”. Su nombre desapareció del cartel después de que la Red Universitaria por Palestina de Granada, lectores y un club de lectura pidieran revisar su presencia por sus posiciones sobre Israel, Palestina y el boicot cultural.
La dirección del festival asumió la decisión. La Universidad de Granada se desmarcó públicamente y aseguró que no la había aprobado ni respaldado. La UGR defendió que una universidad pública debe permitir el contraste de ideas incluso cuando sean controvertidas. La Red Universitaria por Palestina rechaza que su petición fuera antisemita o incluyera amenazas y sostiene que cuestionó posiciones políticas concretas de Harwicz. La Federación de Comunidades Judías de España, por el contrario, ha condenado la exclusión y ha pedido explicaciones.
La polémica llega apenas unos días después del conflicto que sacudió el Festival de las Ideas de Madrid. Más de treinta participantes, entre ellos Rodrigo Sorogoyen, Alana S. Portero, Rodrigo Cuevas o Nerea Pérez de las Heras, condicionaron su asistencia a que Allianz dejara de patrocinar el encuentro. Respondían a una petición de la campaña BDS, que señalaba a la aseguradora por su compra de deuda pública israelí. Allianz rechazó las acusaciones, pero terminó retirando su patrocinio y la organización asumió el coste.
Granada añade una pregunta distinta: qué ocurre cuando el boicot deja de dirigirse contra una empresa y alcanza directamente a una escritora por sus ideas. Harwicz lleva años rechazando los boicots culturales. En 2024 firmó una carta contra la exclusión de editores, festivales y autores israelíes y ha defendido la misma posición frente a artistas rusos: responsabilizar a un creador por las decisiones de un Estado convierte la cultura en una prolongación del conflicto político.
Su posición sobre Israel tampoco cabe en una sola etiqueta. Harwicz ha criticado protestas en las que aparecieron símbolos de apoyo al 7 de octubre, rechaza calificar de genocidio lo ocurrido en Gaza y sostiene que Israel tiene derecho a existir. Quienes pidieron reconsiderar su presencia afirman que el motivo fueron esas posiciones, no su condición judía. Harwicz sostiene lo contrario: considera que el boicot cultural termina funcionando como una forma de antisemitismo. La discusión está, por tanto, en qué significa hoy “sionista” y cuándo una opinión sobre Israel pasa de ser discutible a convertirse en motivo suficiente para excluir a alguien de un espacio cultural.
No es la primera vez que le ocurre. En la Feria del Libro de Madrid de junio estaba prevista una conversación con la escritora británica Sheena Patel que terminó cayéndose después de que Patel rechazara compartir panel con ella. Harwicz acabó participando al día siguiente junto a Karina Sainz Borgo y Jesús García Calero. El asunto tampoco era Israel: hablaron de escritura, violencia, deseo y desarraigo.
La paradoja encaja con uno de los temas centrales de El ruido de una época, publicado en 2023. Harwicz ya escribía allí sobre festivales, literatura, ideología, consignas y la presión para que escritores y artistas se acomoden a determinadas posiciones públicas. La controversia de Granada convierte ese problema en algo concreto: una autora invitada por su obra termina fuera del programa por sus opiniones políticas.
Nada de esto obliga a compartir las ideas de Harwicz, negar la devastación de Gaza o rechazar el boicot como herramienta política. La pregunta es más precisa: si un festival de literatura y humanidades debe excluir a una escritora porque parte de su público considera inaceptables sus ideas, o si precisamente ese desacuerdo debería ser la razón para sentarla en una mesa y discutirlas.