EL RECORRIDO DEL REY Y LA EDIFICACIÓN DE LA REINA - DÉCIMA QUINTA ETAPA: JERICÓ
Mensaje de Gracia y Gloria Formosa
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EL RECORRIDO DEL REY Y LA EDIFICACIÓN DE LA REINA - DÉCIMA QUINTA ETAPA: JERICÓ
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📖 LECCIONES EN EL LIBRO DE MATEO
👑 DÉCIMA QUINTA ETAPA: JERICÓ
OJOS PARA EL REY: LA GRACIA DEL REY SERVIDOR QUE CAPACITA LA MIRADA DE LA REINA
📖 Mateo 20:29-34
En Jericó, ciudad asociada con la maldición en el Antiguo Testamento, Jesús se encuentra con dos ciegos sentados junto al camino, mendigando. Esta escena nos muestra la condición de una humanidad incapaz de alcanzar por sus propios méritos la justicia y la luz de Dios. Sin embargo, el Rey no evita aquel lugar: pasa por allí rumbo a Jerusalén, dispuesto a cumplir Su obra redentora y a llevar sobre Sí la maldición para darnos libertad por Su gracia (Gálatas 3:13).
Los ciegos comenzaron a clamar porque oyeron que Jesús pasaba. Aunque no podían verlo, reconocieron su necesidad y apelaron a Su misericordia. La multitud intentó silenciarlos, pero ellos clamaron aún más fuerte. Así también, la mentalidad religiosa puede levantar barreras y obstáculos delante de quienes necesitan acercarse al Salvador. La Reina aprende a no imitar a esa multitud, sino a facilitar con amor el acceso a la gracia, sin exigir méritos ni imponer cargas humanas.
Entonces Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó qué querían que hiciera por ellos. “Señor, que sean abiertos nuestros ojos”, respondieron. Movido a misericordia, el Rey tocó sus ojos y recibieron la vista. Aquellos que primero oyeron y clamaron, ahora podían contemplar al Señor y seguirlo por el camino. Esta escena nos habla también de la iluminación de los ojos del entendimiento: por la gracia, somos capacitados para ver la gloria de Cristo y comprender las riquezas de nuestra herencia en Él (Efesios 1:18).
En esta etapa, la futura Reina aprende que la madurez espiritual no consiste en juzgar al que todavía está cautivo de la ceguera religiosa, sino en comprender su necesidad y acercarlo a la luz del Evangelio. Al contemplar al Rey Servidor, también aprende a servir, a no poner tropiezos y a dejar que el carácter de Cristo se forme en ella. La verdadera grandeza no está en una posición humana, sino en manifestar la vida de Aquel que vino para servir y dar Su vida en rescate por muchos (Mateo 20:28).
La lección de Jericó culmina con una imagen preciosa: los ojos abiertos por la gracia y los pasos dirigidos detrás del Rey. La Reina no alcanza esta visión por esfuerzo propio; es Cristo quien abre sus ojos, transforma su mirada y la capacita para seguirlo hasta la gloria.
📖 VERSÍCULO CLAVE: “Señor, que sean abiertos nuestros ojos”. (Mateo 20:33)
EL RECORRIDO DEL REY Y LA EDIFICACIÓN DE LA REINA
Evangelio de la Gracia y Gloria.