#Vuelve a Casa#Lucas 15:11-24
Iglesia Evangelica Nueva Vida
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¿QUÉ ESTAMOS CONSTRUYENDO REALMENTE?
Primero: una iglesia construida para la gloria de Dios.
UNA IGLESIA CONSTRUIDA CON ALEGRÍA
Texto bíblico: 1 Crónicas 29:1-9
Texto clave: 1 Crónicas 29:9 (RVR1960)
“Y se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente.”
INTRODUCCIÓN
Amados hermanos, hoy quiero compartir con ustedes un mensaje muy especial: “Una iglesia construida con alegría”.
Cuando hablamos de construir una iglesia, generalmente pensamos en terrenos, paredes, columnas, techos, materiales y recursos económicos.
Sin embargo, debemos hacernos una pregunta mucho más importante:
¿Qué clase de iglesia desea construir Dios?
¿Una iglesia con un edificio hermoso, pero sin amor?
¿Una iglesia con grandes instalaciones, pero sin santidad?
¿Una iglesia con muchos recursos económicos, pero sin la presencia de Dios?
Podemos construir un edificio grande y hermoso, pero si Jesucristo no ocupa el centro de nuestra vida, habremos levantado una construcción sin cumplir el verdadero propósito de la iglesia.
Dios no nos ha llamado simplemente a levantar paredes. Nos ha llamado a anunciar el Evangelio de Jesucristo, hacer discípulos y llevar esperanza a las personas que necesitan salvación.
Hoy, mientras nos preparamos para la construcción de nuestro centro misionero en Zacatecas, necesitamos comprender una verdad fundamental:
No queremos construir solamente un edificio para Dios. Queremos ser una iglesia edificada sobre Jesucristo, que sirva a Dios con amor, obediencia y alegría.
En 1 Crónicas 29 encontramos al rey David preparando los materiales para la construcción del templo de Jerusalén.
David sabía que no sería él quien construiría el templo, sino su hijo Salomón. Sin embargo, eso no impidió que dedicara sus esfuerzos y recursos a preparar aquella obra.
En este pasaje descubrimos tres principios espirituales que también debemos aplicar a nuestra vida y a nuestra misión.
I. UNA IGLESIA CONSTRUIDA PARA LA GLORIA DE DIOS
1 Crónicas 29:1-2
David declaró que la obra era grande porque el templo no era para un hombre, sino para Jehová Dios.
Esta declaración nos enseña algo fundamental: el verdadero propósito de aquella construcción no era glorificar a David ni a Salomón.
Era honrar a Dios.
David no estaba buscando levantar un monumento para recordar su propio nombre. Estaba preparando un lugar dedicado a la adoración del Señor.
Hermanos, aquí encontramos nuestra primera enseñanza:
¡Toda obra que realizamos para Dios debe tener como propósito principal su gloria y no la nuestra!
Cuando construimos para recibir reconocimiento humano, corremos el peligro de convertir la obra de Dios en un proyecto de orgullo personal.
Pero cuando servimos para la gloria del Señor, comprendemos que nosotros somos solamente instrumentos en sus manos.
1. Dios debe ser el centro de nuestra visión
Hoy estamos preparando un centro misionero en Zacatecas.
Pero debemos preguntarnos:
¿Para qué queremos construir este centro?
¿Para demostrar que somos una iglesia importante?
¿Para competir con otras congregaciones?
¿Para tener un edificio más grande?
¡No, hermanos!
Queremos un lugar donde se predique fielmente la Palabra de Dios.
Un lugar donde los pecadores puedan escuchar el mensaje del arrepentimiento y de la salvación.
Un lugar donde las familias sean fortalecidas por la verdad del Evangelio.
Un lugar donde los niños y jóvenes aprendan a conocer y obedecer a Jesucristo.
Un lugar donde podamos preparar discípulos y obreros para extender la misión.
¡No construimos para engrandecer nuestro nombre, sino para anunciar el nombre de Jesucristo!
2. Jesucristo es el verdadero fundamento
1 Corintios 3:11
“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.”
El apóstol Pablo nos recuerda que el único fundamento verdadero de la iglesia es Jesucristo.
Podemos tener un edificio sin ser una iglesia espiritualmente saludable.
Podemos tener instalaciones modernas y, al mismo tiempo, una congregación espiritualmente débil.
¿Por qué?
Porque la verdadera fortaleza de la iglesia no depende de sus paredes, sino de su relación con Jesucristo.
Jesús murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó para darnos vida y esperanza.
Por medio de Él recibimos perdón y reconciliación con Dios.
Esta es la buena noticia que debemos anunciar.
Por eso, el centro misionero solamente tendrá sentido si permanece fiel a este Evangelio.
Aplicación:
Antes de preocuparnos por construir un edificio hermoso, debemos preocuparnos por ser una iglesia santa, obediente y llena del amor de Cristo.
Porque una iglesia verdaderamente edificada para la gloria de Dios es aquella donde Jesucristo reina en los corazones.