En Piantini no hay intercambios de disparos ¿A quién mata la policía?
Altagracia Salazar
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En Piantini no hay intercambios de disparos ¿A quién mata la policía?
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Altagracia Salazar
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Sin maquillaje, 28 de octubre de 2026
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El colega Simón Díaz, quien fue vocero policial durante muchísimos años, me dijo una vez: el policía solo maltrata al que parece policía, porque quien no lo parece puede ser un jefe, hermano del jefe o la mujer de un jefe.
Dada la extracción humilde de la mayoría de los uniformados, la apariencia común del dominicano de origen modesto parece constituir, por sí sola, una categoría delictiva. Décadas después de escuchar a Simón, la explicación sigue vigente. Cambian los jefes, los discursos y los uniformes, pero el prejuicio parece conservar su rango.
Diario Libre, que da seguimiento a los muertos en los llamados intercambios de disparos, actualiza hoy las cifras: 98 muertos en 55 días de septiembre y octubre. Un elemento común: jóvenes mulatos de barrios marginados, con edades entre 16 y 25 años.
El medio llama la atención sobre una política que parece haberse instalado en esta gestión: pocas veces un presidente había avalado tan abiertamente la actuación policial como lo ha hecho Abinader al afirmar que quien tiene más de diez fichas… También señala el contraste con cuatro colombianos blancos que participaron en un asalto a mano armada y a quienes ocuparon un arma, un Rolex robado y dinero del asalto. A ellos la Policía los sometió a la justicia.
Puede que sea el complejo de Guacanagarix que nos persigue desde hace más de 500 años, o el complejo policial del que hablaba Simón Díaz. También puede que el escenario de Piantini, en el polígono central de la capital, despertara dudas en la patrulla que detuvo y sometió a los cuatro hombres. Cuatro blancos pueden ser, como decía Simón, jefes, hermanos o primos de jefes. Y nadie quiere meterse en problemas con la familia equivocada.
Yo me inclino a creer que el DICRIM tiene delimitado su mapa de acción violenta y que en determinadas zonas no se producen intercambios de disparos, ni intervenciones como la ocurrida en la casa de los mellos en Mendoza, donde la Policía entró de madrugada y disparó contra dos adolescentes que dormían, según han confirmado decenas de testigos.
Es probable que las familias de los superiores del DICRIM vivan en lugares como Piantini, o que por allí residan también las familias de los políticos que validan la actuación policial.
El problema es que el país completo no cabe en Piantini, ni siquiera sumando todos los barrios de privilegio. Y los que viven fuera de esa burbuja son mayoría.
Sugiero a la Policía que publique las coordenadas de las zonas donde sus agentes no disparan, para que sepamos dónde mudarnos y podamos aspirar al mismo privilegio: que nos detengan, nos ocupen las pruebas y nos sometan a la justicia, en lugar de convertirnos en una estadística más de un intercambio de disparos.
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