El EX-PODEMITA que ENSEÑA a la IZQUIERDA CÓMO FUNCIONA el MUNDO REAL
Juan Soto Ivars
0:00 / 0:00
El EX-PODEMITA que ENSEÑA a la IZQUIERDA CÓMO FUNCIONA el MUNDO REAL
115 054 просмотра · 13 часов назад
Juan Soto Ivars
193 тыс. подписчиков
115 054 просмотра · 13 часов назад
Aldo Narejos se ha hecho viral por cantar en el 15 MEME una versión de “Hola, don
Pepito; hola, don José” con una letra muy simple: si aumentas el riesgo para el propietario
habrá menos pisos y si la demanda sigue igual, los precios suben. Ni aun así lo entienden.
Las idea elementales no funcionan, en mitad de la acampada por Maricarmen y de la pelea política por los decretos de vivienda.
Lo curioso es que además quien la canta: Aldo Narejos no viene de la derecha ni de una asociación de propietarios.
Durante años fue activista de izquierdas, anticapitalista, ocupó una vivienda en Londres, organizó actos de apoyo a Hugo Chávez y se movió en ambientes culturales donde prácticamente todo su entorno pensaba como él. Después montó una empresa, empezó a contratar trabajadores y terminó interesándose por economía, incentivos, impuestos y funcionamiento de los mercados. Ahí sitúa buena parte de su cambio ideológico.
Su empresa de canciones personalizadas llegó a facturar unos siete millones de euros en una década y a trabajar con decenas de músicos. La experiencia de pagar nóminas, asumir costes, contratar gente y comprobar cómo una decisión aparentemente buena produce efectos inesperados fue alejándole del discurso con el que había crecido. También cuenta que ese cambio le costó amistades y que, después de la viralidad de sus canciones sobre Sol, ha recibido mensajes de antiguos compañeros decepcionados e incluso amenazas.
La vivienda le sirve ahora para explicar esa ruptura. Frente al discurso del Sindicato de Inquilinas, que reclama más intervención sobre alquileres, contratos y grandes tenedores, Narejos insiste en una pregunta mucho más básica: ¿cuántas casas hay y cuánta gente intenta alquilarlas? Si existen 10.000 viviendas para 100.000 familias, regular el precio o decidir quién merece ocupar esas 10.000 no resuelve qué ocurre con las otras 90.000. Después se puede discutir si debe construir el Estado, el sector privado o ambos, pero siguen haciendo falta más viviendas.
Ese debate coincide con la derrota de los dos decretos del Gobierno en el Congreso. PP, Vox y Junts tumbaron el primero por 178 votos frente a 172. El segundo cayó por 184 frente a 166, con el rechazo también del PNV y Coalición Canaria. Las normas incluían prórrogas de alquileres, protección frente a determinados desahucios, regulación de contratos temporales y por habitaciones, límites a ciertas operaciones de fondos y beneficios fiscales para caseros e inquilinos.
La votación se hizo además por llamamiento, diputado a diputado, a petición de PSOE y Sumar. El objetivo era que quedara públicamente registrado quién votaba contra las medidas. La ministra Isabel Rodríguez y buena parte de la izquierda redujeron el choque a una elección entre proteger a la gente o proteger a los “buitres”. Junts respondió que los decretos estaban mal formulados, que podían perjudicar todavía más la oferta y que estaba dispuesto a negociar otra propuesta.
Fuera del Congreso, el Sindicato de Inquilinas mantiene la movilización y ya habla de avanzar hacia una huelga general por la vivienda. Valeria Racu ha defendido que la caída de los decretos no supone una derrota y que la presión debe continuar en la calle.
Narejos sostiene justamente lo contrario de buena parte de ese movimiento: que muchas de las medidas planteadas para castigar a propietarios y fondos pueden terminar haciendo más valiosos los pisos que ya existen si consiguen retirar todavía más oferta del mercado. Por eso cita Buenos Aires y la desregulación de los alquileres de Javier Milei como un ejemplo que merece ser observado, aunque España tenga un mercado, una fiscalidad y unos problemas de suelo diferentes.
También hay una parte personal difícil de separar del personaje que se ha hecho viral. Narejos cuenta que hace veinte años habría estado sentado en la propia acampada, guitarra en mano, convencido de estar ayudando a cambiar el mundo. Hoy vuelve con la misma guitarra para decirles que cree que están defendiendo políticas que pueden empeorar el problema que quieren resolver.
Y por eso una canción infantil ha acabado funcionando mejor que muchas tertulias: detrás del “Hola, don Pepito” está la discusión que casi nadie consigue cerrar. Si todo el mundo acepta que faltan viviendas, ¿por qué construir más sigue siendo una de las palabras que menos se oyen cuando se habla de vivienda?