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Capítulo 14.Lectura del epígrafe 4 hasta finalizar 14/10/26 #Miracle #Love

Miracle Love

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Capítulo 14.Lectura del epígrafe 4 hasta finalizar 14/10/26 #Miracle #Love

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La sesión se centró en la lectura y reflexión de las enseñanzas de Un curso de milagros, profundizando en la expiación, la inocencia, la santidad y el perdón como vías para reconocer la verdad y favorecer la paz interior. Se destacó que la sanación de la mente comienza al cuestionar los juicios, soltar la culpabilidad y permitir que el Espíritu Santo corrija las interpretaciones basadas en el miedo y los aprendizajes del pasado. Se reflexionó sobre la expiación como la corrección de la percepción errónea de separación y culpabilidad, y sobre el reconocimiento de la inocencia del hermano como parte fundamental de la propia sanación. Desde esta perspectiva, el Espíritu Santo representa la guía que ayuda a distinguir entre las interpretaciones del ego, caracterizadas por el conflicto y la incoherencia, y la verdad, que permanece inmutable. Asimismo, se abordó la santidad como un reflejo de nuestra identidad espiritual. La práctica consiste en limpiar la percepción de las imágenes, creencias y juicios que ocultan el reconocimiento de esa identidad. Los milagros se comprendieron como expresiones del amor que reconocen la igualdad y la unidad, sin establecer diferencias en el valor esencial de las personas. Aplicación a la vida cotidiana: el perdón en las relaciones familiares Una parte significativa de la sesión se dedicó a acompañar espiritualmente a una madre preocupada por la situación de su hijo, quien se encuentra fuera del hogar y enfrenta dificultades relacionadas con el consumo de alcohol. La reflexión se orientó a reconocer el sufrimiento que produce la preocupación, sin convertirla en juicio, culpa o condena hacia ella misma o hacia su hijo. Se propuso practicar el perdón y entregar simbólicamente esa preocupación a la guía espiritual, con el propósito de recuperar la tranquilidad interior y transformar la manera de relacionarse con la situación. Esta entrega no implica negar las dificultades, abandonar al hijo ni sustituir las acciones de cuidado necesarias, sino reconocer los límites del control personal y distinguir entre amar a alguien y responsabilizarse por todas sus decisiones.