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Colosenses (6) - La preeminencia de Cristo en la nueva creación - Domingo, 26 de abril de 2026

IEP Vitoria-Gasteiz

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Colosenses (6) - La preeminencia de Cristo en la nueva creación - Domingo, 26 de abril de 2026

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La preeminencia de Cristo en la nueva creación En Colosenses 1:18-20, el apóstol Pablo dirige nuestra mirada hacia una verdad fundamental: Cristo no solo es supremo sobre la creación, sino también sobre la nueva creación, es decir, sobre la Iglesia. Él ocupa el lugar de máxima autoridad porque es quien la originó, la sostiene y la conduce hacia el cumplimiento de los propósitos eternos de Dios. Pablo afirma que Cristo es la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. Esta imagen expresa, en primer lugar, la unión inseparable que existe entre Cristo y su pueblo. Ser cristiano no consiste simplemente en pertenecer a una comunidad religiosa o participar en determinadas actividades, sino en estar unido a Cristo por medio de la fe. De esa unión nace una vida nueva que transforma al creyente y le hace crecer en semejanza al Señor. La Iglesia, por tanto, no es una organización meramente humana, sino un organismo vivo que recibe su vida de Cristo y madura a medida que cada uno de sus miembros permanece unido a Él. Además, Cristo es la cabeza porque posee la autoridad suprema sobre su Iglesia. Él ha establecido pastores y otros ministerios para servir y cuidar de su pueblo, pero toda autoridad es delegada y debe someterse a la voluntad del Señor. La Iglesia pertenece a Cristo, y solo Él tiene derecho a dirigirla conforme a su Palabra. Por ello, tanto quienes enseñan como quienes forman parte de la congregación están llamados a buscar con humildad aquello que agrada a su verdadero Señor. Pablo añade que Cristo es el principio y el primogénito de entre los muertos. Mediante su resurrección venció definitivamente a la muerte e inauguró una nueva vida para todos los que creen en Él. La Iglesia existe porque Cristo resucitó; sin esa victoria, no habría esperanza, ni salvación, ni vida eterna. Su resurrección constituye el fundamento de nuestra fe y la garantía de nuestra futura resurrección. Finalmente, el apóstol declara que en Cristo habita toda la plenitud de la divinidad y que, por medio de su muerte en la cruz, Dios ha iniciado la reconciliación de todas las cosas consigo mismo. El evangelio no solo restaura la relación entre Dios y el pecador arrepentido, sino que forma parte del gran propósito divino de restaurar toda la creación bajo el señorío de Cristo. Un día toda la creación reconocerá su autoridad, y quienes han sido reconciliados por su gracia disfrutarán plenamente de la paz y de la comunión eterna con Él. Mientras tanto, la Iglesia ha recibido el privilegio de anunciar este mensaje de reconciliación al mundo, actuando como embajadora de Cristo hasta que Él vuelva en gloria.