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Homilía del día: Domingo 6 de Septiembre 2026 - Padre Freddy Bustamante

Padre Freddy Bustamante и ещё 2

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Homilía del día: Domingo 6 de Septiembre 2026 - Padre Freddy Bustamante

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Hay una frase de Jesús que puede transformar nuestra manera de relacionarnos con los demás: “Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes.” Y qué importante es recordar esta enseñanza cuando tenemos que corregir a alguien. Porque todos, en algún momento, hemos necesitado que alguien nos diga la verdad. Que alguien nos advierta que estamos tomando un camino equivocado. Que alguien nos ayude a reconocer un error. Pero también sabemos que no es lo mismo que alguien nos corrija con amor, que alguien nos corrija desde la rabia, la soberbia o el deseo de hacernos sentir mal. La corrección fraterna no consiste en señalar al otro para demostrar que nosotros tenemos la razón. Corregir fraternalmente es amar lo suficiente como para buscar el bien del otro. Pero para hacerlo necesitamos preguntarnos primero: ¿Cómo me gustaría que me corrigieran a mí? Seguramente no quisiéramos que nos humillaran delante de los demás. No quisiéramos que nos recordaran nuestros errores una y otra vez. No quisiéramos que nos juzgaran sin conocer nuestras luchas. Entonces, ¿por qué hacerlo nosotros? Si queremos ser tratados con misericordia, aprendamos a corregir con misericordia. Si queremos ser escuchados, aprendamos primero a escuchar. Si queremos que tengan paciencia con nosotros, tengamos paciencia con los demás. Y si queremos que alguien nos ayude a levantarnos cuando caemos, seamos también nosotros capaces de tender la mano. La corrección fraterna requiere caridad, prudencia y humildad. No se trata de decir todo lo que pensamos. No se trata de descargar nuestra rabia. No se trata de convertir la corrección en una oportunidad para herir. Se trata de preguntarnos: “¿Lo que voy a decir ayudará realmente a esta persona a acercarse más a Dios?” Porque una corrección sin amor puede cerrar un corazón, mientras que una palabra dicha con caridad puede abrir una puerta. Y aquí hay algo todavía más difícil: también debemos aprender a dejarnos corregir. Porque a veces queremos tener la libertad de corregir a todos, pero no soportamos que alguien nos diga que estamos equivocados. Nos molesta que nos cuestionen. Nos defendemos. Buscamos justificar nuestras acciones. Pero quizás esa persona que nos está corrigiendo no viene a destruirnos. Quizás Dios está utilizando sus palabras para mostrarnos algo que nosotros no somos capaces de ver. Por eso, antes de reaccionar, podríamos preguntarnos: “¿Y si esta corrección tiene algo que enseñarme?” Todos tenemos defectos. Todos tenemos áreas de nuestra vida que necesitan ser transformadas. Por eso, no tengamos miedo de corregir cuando sea necesario, pero hagámoslo como Jesús nos enseñó: con amor, con respeto, con verdad y con misericordia. Y cuando nos corresponda recibir una corrección, recibámosla también con humildad. Que nuestra regla sea sencilla: Trata al otro como te gustaría que te trataran a ti. Corrige como quisieras ser corregido. Habla como quisieras que te hablaran. Perdona como quisieras ser perdonado. Y ama como quieres ser amado. Porque al final, la corrección fraterna no busca que el otro pierda. Busca que el otro pueda levantarse, crecer y acercarse un poco más a Dios. Señor Jesús, danos un corazón humilde para corregir sin herir y para aceptar las correcciones sin orgullo. Enséñanos a mirar al hermano con misericordia, a hablar con amor y a recordar siempre que nosotros también necesitamos ser corregidos. Que nunca usemos la verdad como un arma, sino como un camino para ayudar. Y que en cada palabra, en cada corrección y en cada encuentro con nuestros hermanos, podamos reflejar un poco más tu corazón. Amén.🙌" Suscríbete a este canal y compártelo a más personas.