Sermón 14: El Sexto Mandamiento — La Preservación de la Vida y el Carácter Santo de Dios.
IBC Barrancabermeja Iglesia Reformada
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Sermón 14: El Sexto Mandamiento — La Preservación de la Vida y el Carácter Santo de Dios.
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En esta exposición del Sexto Mandamiento («No matarás»), nos asomamos a una ventana que nos revela a Dios como la vida misma y el Dador soberano de todo aliento (1 Ti. 6:16; Hch. 17:25). La vida humana no está a merced de nuestra voluntad, ira o pasiones, porque fue creada a imagen y semejanza de Dios (Gn. 9:6).
Siguiendo la herencia puritana de Thomas Watson, William Perkins y Ezekiel Hopkins, derribamos la cerca farisaica que reduce este mandamiento únicamente al asesinato físico, examinando su alcance bíblico en tres grandes dimensiones:
1- Lo que destruye injustamente la vida del prójimo:
En su nombre: El poder destructivo de la lengua a través de la calumnia, la difamación y el falso testimonio que aniquilan reputaciones (Pr. 18:21; 25:18).
En su cuerpo: Las raíces invisibles del homicidio: la ira explosiva, el odio enraizado y la envidia destructiva, examinando la caída trágica del rey Saúl (Mt. 5:21–22; 1 Jn. 3:15; 1 S. 18).
En su alma: El homicidio espiritual al tentar, escandalizar o inducir a otros al pecado, imitando al homicida desde el principio (Jn. 8:44; Ro. 14:15; Lc. 17:1–2).
2- La prohibición del auto-daño y la preservación personal: Nuestra vida no nos pertenece de forma absoluta, sino a Dios. El mandamiento prohíbe exponerse temerariamente al peligro, despreciar los medios médicos de salud, autodestruirse mediante excesos insensatos, hundirse en una tristeza mundana sin esperanza (2 Co. 7:10) y el suicidio (Catecismo Mayor de Westminster, Q. 136).
3- La espada legítima de la ley frente a la venganza privada:Se delimita con precisión la prohibición de la venganza personal (Ro. 12:19) frente a la autoridad delegada del magistrado civil que no en vano lleva la espada judicial (Ro. 13:4), así como el deber moral de la legítima defensa y la protección del inocente (Pr. 24:11–12; Éx. 22:2).
El Sexto Mandamiento nos convence de pecado y nos declara convictos. Sin embargo, la Ley nos conduce al Calvario: mientras la sangre del justo Abel clamaba desde la tierra por juicio y venganza (Gn. 4:10), la sangre del nuevo pacto en Jesucristo clama por perdón, justificación y vida eterna para los pecadores arrepentidos (Heb. 12:24; Lc. 23:34).
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