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La Caída de Jerusalén: cuando Roma no dejó piedra sobre piedra

Historia de las Civilizaciones

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La Caída de Jerusalén: cuando Roma no dejó piedra sobre piedra

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Historia de las Civilizaciones
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La caída de Jerusalén en el año 70 marcó uno de los asedios más devastadores del mundo antiguo: cuatro legiones romanas rodearon una ciudad atrapada entre el hambre, las facciones internas y la maquinaria militar de Tito. Cuando las murallas cedieron, el Segundo Templo, corazón religioso del pueblo judío durante casi cinco siglos, ardió hasta los cimientos. Roma no solo sofocaba una rebelión: también destruía el símbolo más poderoso de una identidad religiosa y política. La campaña formaba parte de la Primera Guerra Judeo-Romana, iniciada en el año 66 bajo el reinado de Nerón y heredada por Vespasiano, quien dejó la ofensiva final en manos de su hijo Tito. Dentro de la ciudad, zelotes, sicarios y otras facciones judías se enfrentaban entre sí mientras los romanos levantaban rampas de asedio frente a la fortaleza Antonia. El historiador Flavio Josefo, testigo del conflicto, describió hambrunas extremas, deserciones y el incendio del Templo en torno al noveno día del mes de Av. Tras la caída, los objetos sagrados, incluida la menorá, fueron transportados a Roma y exhibidos en el triunfo imperial, una escena tallada después en el Arco de Tito. Del antiguo complejo del Templo sobrevivieron secciones del muro occidental de la explanada, hoy lugar de oración conocido como Muro de los Lamentos. La derrota profundizó la dispersión de la población judía por el Mediterráneo y aceleró la transición de un judaísmo centrado en el Templo hacia otro basado en la sinagoga y el estudio rabínico. Casi dos mil años después, esas piedras siguen marcando una frontera entre memoria histórica e identidad religiosa.