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EL NAZARENO DE ALFONSO J ALFONSO

Acamdo Orihuela

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EL NAZARENO DE ALFONSO J ALFONSO

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Acamdo Orihuela
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MARCHA EL NAZARENO de Alfonso J. Alfonso González Dedicada a la Junta Mayor de Cofradías, Hermandades y Mayordomías de Orihuela, con mención especial a la Cofradía Stmo. Cristo de la Flagelación "LOS AZOTES" " de Orihuela, por confiar en ACAMDO y en la labor musical, cultural y educativa que realiza en la ciudad, y en mi persona como responsable y promotor de esta sociedad. Banda Filarmonía de Orihuela Cantante: Isabel Ruiz Director: Alfonso J. Alfonso Estrenada el 24 de octubre de 2026 en el Santuario de Nuestra Señora de Monserrate. EL NAZARENO Origen y sentido de la obra La marcha de procesión El Nazareno fue compuesta con motivo del nombramiento de la Asociación Cultural Amigos de la Música y la Danza de Orihuela (ACAMDO) como Nazareno de Orihuela 2026. Nace como expresión de gratitud por este reconocimiento y como homenaje al vínculo de nuestra asociación con la Semana Santa oriolana. El poema homónimo de Miguel Hernández constituye el fundamento literario y expresivo de la obra. Sus versos evocan el sobrecogimiento de quienes contemplan la procesión, el silencio, los redobles de los tambores y el lamento que brota de la fe, hasta revelar la presencia del Nazareno, herido y humilde, con la cruz sobre los hombros. Transformar estas imágenes en música ha sido el impulso que ha guiado la composición. Durante el concierto celebrado el 19 de marzo de 2026 en el convento de San Juan de Orihuela, anunciamos a los presentes que habíamos preparado una sorpresa musical para aquella ocasión. Sin embargo, decidimos reservar su presentación para el XIII Encuentro Nacional de Hermandades y Cofradías del Segundo Misterio Doloroso, celebrado en octubre de 2026 en nuestra ciudad y organizado por la Cofradía de los Azotes, nuestra cofradía, a la que acompañamos musicalmente cada año. El estreno tuvo lugar el 24 de octubre de 2026, en el Santuario de Monserrate, con la interpretación de la Banda Filarmonía de Orihuela, la voz de Isabel Ruiz y el recitado de José Antonio López Egio. Recorrido musical y expresivo La obra comienza con unas llamadas características de la Semana Santa, seguidas de una respuesta rápida de las maderas. Este motivo se presenta tres veces y da paso al caminar de una marcha de corte levantino: una melodía sencilla, acompañada por breves y tímidas respuestas del metal. A continuación aparece el tema A, de carácter tradicional. En su repetición, la melodía se enriquece con un contracanto de los saxofones tenores, el bombardino y el fagot, evocando una sonoridad característica de este tipo de marchas. El discurso alcanza entonces un fuerte central de marcado carácter rítmico. El guitarreo de las maderas impulsa el canto y la fuerza de los metales, hasta reunir a toda la banda en el regreso de las llamadas iniciales. Estas reaparecen transformadas por un recorrido modulante que desorienta momentáneamente al oyente y mantiene en suspenso el destino de la música. Las tres llamadas se complementan entre sí y crean un clima de incertidumbre. La tensión desemboca en unos toques de tambor; a continuación, un cambio de ritmo y una nueva tonalidad abren otro espacio expresivo: la llegada de la voz y de la poesía de Miguel Hernández. En el estribillo, Isabel Ruiz da vida a los versos de El Nazareno con su voz de copla. La emoción que hasta ese momento se ha expresado mediante los instrumentos encuentra ahora palabras. El canto introduce el sobrecogimiento, el dolor y la devoción que atraviesan el poema, integrando la voz en el caminar de la marcha. Más adelante, la palabra recitada toma el protagonismo. El rapsoda José Antonio López Egio declama la tercera y la cuarta estrofa sobre los tambores, acompañado por el lamento sostenido de Isabel Ruiz. El redoble y ese «ay» prolongado encuentran su correspondencia en los propios versos de Hernández: el silencio estremecedor, los tambores y el gemido que nace de un pecho lleno de fe. La música sostiene una escena de recogimiento en la que la palabra permite contemplar al Nazareno entre los penitentes y las luces de los cirios. De esta atmósfera surge la entrada apoteósica de Isabel Ruiz, que retoma la última estrofa con «Y entre mil encapuchados». Su voz y la Banda Filarmonía de Orihuela despliegan toda su fuerza en el momento culminante de la obra. Lo que antes se ha descrito mediante el recitado se convierte ahora en una exaltación musical de la presencia del Nazareno. La emoción contenida se desborda y conduce a un final grandioso. La humildad de Cristo, con la cruz sobre los hombros, permanece en el centro de la imagen poética, mientras la grandeza de la música expresa la intensidad del sentimiento de quienes lo contemplan y acompañan. He concebido este recorrido como un camino desde las primeras llamadas procesionales hasta la plena unión de música, palabra y voz. El Nazareno expresa mi gratitud hacia Orihuela, hacia su Semana Santa y hacia quienes mantienen viva esta tradición. Alfonso J. Alfonso González