Parasha Vaetjanan
Elisha Salas
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Parasha Vaetjanan
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Elisha Salas
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Resumen de la Parashat Vaetjanán
Devarim Deuteronomio 3:23–7:11
La Parashat Vaetjanán es una de las más profundas y emocionantes de toda la Torá. En ella, Moshé Rabenu, sabiendo que no entrará en la Tierra Prometida, dedica sus últimas palabras a fortalecer la fe del pueblo de Israel y a transmitir los principios fundamentales del judaísmo.
La parashá comienza con la conmovedora súplica de Moshé para que Hashem le permita cruzar el Jordán.
Aunque su petición es rechazada, Moshé acepta con humildad la voluntad divina y prepara a Yehoshúa para conducir al pueblo.
Con ello nos enseña que la verdadera grandeza consiste en cumplir la misión que Hashem nos encomienda, incluso cuando nuestros deseos personales no se cumplen.
Moshé exhorta al pueblo a guardar fielmente la Torá, sin añadir ni quitar ninguno de sus mandamientos.
Recuerda la revelación en el monte Sinaí, donde todo Israel escuchó la voz de Hashem sin ver ninguna imagen, estableciendo así el fundamento de la fe en un Dios único, invisible e infinito. Por ello advierte con firmeza contra toda forma de idolatría.
La parashá también repite los Diez Mandamientos, Aseret HaDibrot, renovando el pacto entre Hashem e Israel. Se destaca la importancia del Shabat, del respeto a los padres, de la santidad de la vida y de la pureza del corazón, recordándonos que la Torá no solo regula nuestras acciones, sino también nuestros pensamientos y deseos.
En el centro de la parashá encontramos el corazón de la fe judía:
שְׁמַע יִשְׂרָאֵל, יְהוָה אֱלֹהֵינוּ, יְהוָה אֶחָד
"Escucha, Israel: Hashem es nuestro Dios, Hashem es Uno."
El Shemá Israel proclama la unicidad absoluta de Hashem y nos llama a amarlo con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras fuerzas. A continuación, la Torá ordena enseñar estas palabras a los hijos, hablar de ellas en el hogar, colocarlas en los tefilín y escribirlas en la mezuzá, para que toda la vida esté impregnada de la presencia de Hashem.
Finalmente, Moshé recuerda que Israel es un pueblo santo, עַם קָדוֹשׁ, elegido no por ser el más grande, sino por el amor de Hashem y por el pacto hecho con Abraham, Itzjak y Yaakov. Antes de entrar en la Tierra Prometida, el pueblo recibe la advertencia de no imitar las costumbres idolátricas de las naciones, sino permanecer fiel a la Torá.
La parashá concluye con una gran promesa: quien guarda los mandamientos recibe la bendición de Hashem. Sin embargo, también enseña que muchas veces los planes divinos se cumplen gradualmente, como la conquista de la tierra, recordándonos que el crecimiento espiritual también es un proceso constante.
Mensaje para nuestros días
Vaetjanán nos invita a fortalecer nuestra emuná, aceptar con humildad la voluntad de Hashem y vivir cada día conforme a Su Torá. Nos recuerda que la verdadera herencia del pueblo de Israel no son solamente la Tierra Prometida o su historia, sino la alianza eterna con Hashem, expresada en el Shemá Israel, transmitida de generación en generación y vivida mediante el cumplimiento de las mitzvot.
Así como Moshé preparó al pueblo para el futuro, también nosotros somos llamados a transmitir la Torá a nuestros hijos y nietos, para que el pacto con Hashem permanezca vivo en cada generación.
"Shemá Israel, Hashem Eloheinu, Hashem Ejad."
Que estas palabras sigan siendo el corazón de nuestra fe y la melodía que guíe nuestra vida.
Shabat shalom
Rabbi Elisha Salas – Rodrigo Cáceres