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HEZBOLLAH PERDIÓ SU MAYOR BÚNKER: ¿IRÁN todavía lo está financiando?

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HEZBOLLAH PERDIÓ SU MAYOR BÚNKER: ¿IRÁN todavía lo está financiando?

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Durante casi veinte años, Hezbollah construyó debajo de una montaña del sur del Líbano algo que no era simplemente un túnel. Era una fortaleza. La cresta de Ali al-Taher, a unos 15 kilómetros de la frontera con Israel, escondía una infraestructura subterránea de más de dos kilómetros. Centros de mando, depósitos de armas, misiles antitanque, cohetes, drones, explosivos y espacios preparados para que combatientes pudieran permanecer bajo tierra durante largos períodos. Y según las Fuerzas de Defensa de Israel, esa infraestructura estaba vinculada a la unidad Badr de Hezbollah y había sido construida durante aproximadamente dos décadas con apoyo iraní.  Pero ahora esa fortaleza ya no existe. Israel tomó el control operativo de la cresta y posteriormente destruyó el complejo subterráneo. Para hacerlo, las FDI utilizaron alrededor de 1.100 toneladas de explosivos. La detonación fue tan poderosa que el Servicio Geológico de Estados Unidos registró un movimiento equivalente a un terremoto de magnitud 4,1.  Israel no solamente destruyó túneles. Destruyó una infraestructura militar que había tardado años en construirse. ¿Qué hace Hezbollah después de perder sus grandes posiciones? La respuesta probablemente sea: cambia de forma. Cuando una organización armada pierde centros de mando, depósitos y posiciones fijas, puede intentar compensarlo mediante una estructura mucho más difícil de detectar. Células pequeñas. Armas escondidas. Ataques de oportunidad. Es decir: guerra de guerrillas. Y esa es precisamente la razón por la que las FDI no pueden interpretar Ali al-Taher como el final de la amenaza. Una infraestructura gigantesca es poderosa, pero también es detectable. Una célula de cinco hombres con un dron y explosivos puede ser mucho más difícil de localizar. Israel puede destruir una montaña de túneles. Lo que no puede hacer con la misma facilidad es saber dónde estará mañana cada pequeña célula que haya sobrevivido. Y ahora llegamos a la pregunta más importante de todas: ¿Qué está haciendo Irán? ¿Está abandonando a Hezbollah? ¿O continúa apoyándolo? Aquí debemos separar los hechos de las interpretaciones. Hezbollah sigue siendo descrito internacionalmente como una organización respaldada por Irán, y las propias FDI sostienen que Teherán ha financiado y armado a la organización durante años.  Pero el contexto iraní ha cambiado radicalmente. Irán está sometido a una enorme presión militar y estratégica y enfrenta sus propios problemas. Eso significa que Teherán puede tener menos capacidad para sostener a Hezbollah exactamente como lo hizo en el pasado. Pero menos capacidad no significa necesariamente retirada. Y hay una señal particularmente interesante. Durante la crisis de Ali al-Taher aparecieron reportes según los cuales Irán habría advertido a Estados Unidos de que respondería ante una ofensiva israelí contra esa posición. Si esa información es correcta, sería una señal difícil de interpretar como “Irán abandonó a Hezbollah”.  Al mismo tiempo, hay otra realidad: Hezbollah ya no tiene la libertad estratégica que tuvo durante años. El Líbano está bajo una presión enorme para que el Estado recupere el monopolio de las armas. Israel mantiene una zona de seguridad. Y los acuerdos impulsados por Estados Unidos buscan precisamente limitar la capacidad militar de Hezbollah.  No veo evidencia suficiente para afirmar que Irán esté abandonando a Hezbollah. Lo que sí veo es algo diferente: Irán puede estar obligado a cambiar la manera en que lo sostiene. Menos grandes instalaciones. Más células. Menos concentración de armamento. Más dispersión. Menos capacidad para construir una enorme infraestructura visible. Más guerra clandestina. Porque para Teherán, Hezbollah sigue siendo demasiado valioso como instrumento estratégico como para simplemente desecharlo. Pero también sería un error pensar que Irán puede seguir financiándolo y armándolo sin pagar un precio. Ali al-Taher demuestra precisamente eso. Una infraestructura que tardó décadas en construirse puede desaparecer en horas. Y esa es quizá la verdadera lección de esta batalla: Israel está intentando destruir la estructura militar de Hezbollah antes de que pueda reconstruirse. Mientras Irán tiene que decidir si invierte nuevamente en reconstruirla... o si transforma a Hezbollah en algo mucho más pequeño, disperso y difícil de destruir. Y si elige la segunda opción, la próxima guerra podría no parecerse en nada a la anterior. Porque una fortaleza subterránea puede ser destruida. Una guerrilla dispersa es mucho más difícil de neutralizar.  -- Más acerca de este tema, visita nuestra página: https://www.enlacejudio.com Únete a nuestro canal de WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VanU... Sigue nuestras redes sociales:   / enlacejudio   https://x.com/enlacejudio   / enlacejudio   https://www.threads.net/@enlacejudio   / enlacejudiomx