Ãnanda Mida - Amparo
GdEnd Records
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Ãnanda Mida - Amparo
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Mi madre me llamó Amparo.
Qué nombre tan extraño
para una niña
que pasaría media vida
buscando dónde refugiarse.
En Las Brujas
yo no sabía
cuántas veces
iba a empezar.
Había canciones brasileñas
sonando dentro de casa,
un padre mirando hacia Chile,
y una niña
aprendiendo a cantar.
Después Santiago.
Después crecer.
Después descubrir
que algunas verdades
hacen que quienes te aman
no sepan qué hacer.
Yo besaba a quien quería.
Tú rezabas
para que yo quisiera diferente.
Y aprendí muy joven
que a veces
hasta el amor de un padre
puede doler.
Amparo...
así me llamaron.
Amparo...
y cuánto me faltó.
Busqué refugio
en otros cuerpos,
en otras casas,
en otra voz.
Hasta que un día entendí:
Amparo
también era yo.
Después la tierra se movió.
Y no fue una metáfora.
Se llevó una casa.
Dos voces.
Una versión de mí
que nunca regresó.
Durante mucho tiempo
quise llamar a mi madre.
Durante mucho tiempo
quise discutir otra vez
con mi padre.
Qué cruel descubrir
que hasta aquello
que nos hizo daño
puede hacer falta
cuando desaparece.
Amparo...
¿dónde estabas
cuando me quedé sin hogar?
¿Dónde estabas
cuando crucé otro país
pensando que empezar de nuevo
era lo mismo
que sanar?
Montreal era blanca.
Fría.
Yo confundí una casa
con un lugar seguro.
Confundí los celos
con miedo de perderme.
Confundí quedarme
con amar.
Hasta aquella noche.
No quiero contarla otra vez.
Ya hice una canción
sobre el fuego.
Esta canción...
es sobre quien salió
de él.
Hubo hospitales.
Hubo espejos.
Hubo mañanas
en que mi cara
parecía pertenecer
a otra mujer.
Y quizá fue ahí
cuando inventé a Ãnanda.
No para matar a Amparo.
Para poder
llevarla conmigo.
Amparo...
así me llamaron.
Y ahora entiendo
por qué.
No porque alguien
vendría a salvarme.
No porque nunca
iba a caer.
Sino porque después
de perder tantas casas
tuve que aprender
a convertirme
en una.
Amparo...
cuando todos gritaban:
¡Ãnanda! ¡Ãnanda!
eras tú
quien subía al escenario.
Cuando decían:
“Qué fuerte.”
eras tú
quien temblaba después.
Cuando veinte mil personas
cantaban mis canciones,
eras tú
la que todavía recordaba
cómo sonaba mamá
cantando en la cocina.
Ahora tengo discos.
Tengo ciudades.
Tengo flores
esperándome en hoteles.
Tengo canciones
que personas que nunca conocí
dicen que les salvaron
la vida.
Y después del aplauso,
cuando Ãnanda Mida
se quita el maquillaje,
queda una mujer
frente al espejo.
Ya no le pregunto:
“¿Llegamos?”
Ya no le pregunto:
“¿Sobrevivimos?”
La miro.
Y por primera vez
la llamo por su nombre.
Amparo.
Perdóname
por esconderte tantos años.
Pensé que para ser fuerte
tenía que dejarte atrás.
Pero eras tú
la que escribía.
Eras tú
la que amaba.
Eras tú
la que volvía a levantarse
cuando Ãnanda
todavía no existía.
Amparo...
mi primer nombre.
Mi primera casa.
La niña.
La hija.
La mujer.
La cicatriz
que ya no escondo.
Si mañana nadie aplaude,
si nunca vuelvo
a llenar un lugar,
si las canciones terminan,
si Ãnanda Mida
algún día se va...
Amparo se queda.
Y quizá eso...
era todo
lo que necesitaba encontrar.