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13 - Cómo Dejar de Procrastinar Usando la Regla de los Dos Minutos

El Súmmum de la Síntesis

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13 - Cómo Dejar de Procrastinar Usando la Regla de los Dos Minutos

5 просмотров · 4 дня назад
El Súmmum de la Síntesis
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Twyla Tharp está considerada una de las mayores bailarinas y coreógrafas de la era moderna. En 1992 recibió la beca MacArthur, la que se conoce como la beca de los genios, y ha pasado la mayor parte de su carrera girando por el mundo con obras propias. Atribuye buena parte de su éxito a un hábito diario muy simple. «Empiezo cada día de mi vida con un ritual», escribe. «Me levanto a las cinco y media, me pongo la ropa de deporte, los calentadores, la sudadera y la gorra. Salgo de mi casa de Manhattan, paro un taxi y le digo al conductor que me lleve al gimnasio Pumping Iron, en la calle 91 con la Primera Avenida, donde entreno dos horas». Y aquí viene lo importante: «El ritual no son los estiramientos ni las pesas que le hago pasar a mi cuerpo cada mañana en el gimnasio. El ritual es el taxi. En el momento en que le digo al conductor dónde ir, he completado el ritual». Los investigadores estiman que entre el 40 y el 50 por ciento de nuestras acciones en un día cualquiera se hacen por hábito. Pero su influencia real es mayor que ese porcentaje, porque los hábitos son elecciones automáticas que condicionan las decisiones conscientes que vienen después. Un hábito puede completarse en segundos y determinar lo que haces durante las horas siguientes. Son como la vía de acceso a una autopista: te encaminan y, antes de darte cuenta, vas acelerando hacia el comportamiento siguiente. Aguantas dos horas de una película mala. Sigues picando cuando ya estás lleno. Miras el móvil «un segundo» y veinte minutos después sigues mirando la pantalla. Los hábitos que sigues sin pensar suelen determinar las decisiones que tomas cuando sí piensas. A esos instantes Clear los llama momentos decisivos: la bifurcación entre pedir comida a domicilio o cocinar, entre coger el coche o la bicicleta, entre empezar los deberes o el mando de la consola. Y son decisivos porque fijan las opciones disponibles para tu yo futuro. Entrar en un restaurante ya determina lo que vas a comer: técnicamente eliges tu plato, pero solo puedes pedir lo que está en la carta. Si entras en un asador puedes pedir solomillo o entrecot, no sushi. De ahí la herramienta central del capítulo: la regla de los dos minutos. Cuando empieces un hábito nuevo, debería costar menos de dos minutos hacerlo. Leer antes de dormir se convierte en leer una página. Hacer treinta minutos de yoga se convierte en sacar la esterilla. Correr cinco kilómetros se convierte en atarse las zapatillas. La gente encuentra ridículo entusiasmarse por leer una página, pero la cuestión no es hacer esa cosa mínima: es dominar el hábito de aparecer. Un hábito tiene que existir antes de poder mejorarlo. Hay que estandarizar antes de optimizar. Y si suena a truco mental, existe la versión estricta: hazlo dos minutos y para. Sal a correr, pero tienes que parar a los dos minutos. Un lector perdió más de cuarenta y cinco kilos así: iba al gimnasio a diario con la prohibición de quedarse más de cinco minutos. Semanas después pensó que, total, ya estaba yendo siempre, así que podía quedarse un poco más. Greg McKeown consolidó su diario personal escribiendo deliberadamente menos de lo que le apetecía, parando siempre antes de que pareciera una obligación. Hemingway defendía lo mismo para escribir: lo mejor es parar siempre cuando va bien.