Перейти к содержимому

Vine a un restaurante con mi mejor amiga, y el mesero tuvo el descaro de hacernos esperar

El Chismesaurio

0:00 / 0:00

Vine a un restaurante con mi mejor amiga, y el mesero tuvo el descaro de hacernos esperar

6 043 просмотра · 7 мес. назад
El Chismesaurio
12,2 тыс. подписчиков
6 043 просмотра · 7 мес. назад
Vine a un restaurante con mi mejor amiga, y el mesero tuvo el descaro de hacernos esperar 3 minutos para atendernos. Lo peor es que yo vi como atendían primero a unas chicas que sí, llegaron antes de nosotros, pero se visten feísimo. Deberíamos tener prioridad por estar a la moda. Pilar, mi mejor amiga, y yo siempre hemos tenido algo clarísimo: el mundo no es “justo”, es estético. La gente dice que no hay que juzgar por apariencias, pero esa gente suele vestir como si se hubiera caído dentro de un cajón de cosas olvidadas. Nosotras, en cambio, somos el tipo de mujeres que entran a un lugar y lo elevan con solo existir. No lo digo por ego, lo digo porque es evidente en las miradas que se voltean, en los celulares que se alzan “discretamente” para tomar una foto, en cómo el ambiente cambia cuando una se sienta. Y Pilar y yo no nacimos para pasar desapercibidas, nacimos para marcar el estándar. Conocí a Pilar hace años en una boutique donde yo estaba probándome un blazer que costaba lo mismo que un viaje a la playa para una familia entera. Ella entró, me miró de arriba abajo, sonrió como si me hubiera reconocido en un espejo, y me dijo que el corte me quedaba “de revista”. En ese momento supe que era de las mías. Nos unió ese tipo de complicidad silenciosa que solo se da entre mujeres que entienden que la clase se lleva en la postura y en los detalles. Desde entonces, nuestras salidas siempre han sido una mezcla entre plan social y declaración de principios. No es solo “ir a comer”, es aparecer, mantener presencia, dejar claro quién está cuidando la imagen de la ciudad. Con Rodrigo, mi novio, pasó algo similar, aunque él es más… funcional. Lo conocí en una inauguración de un showroom y me gustó que no se intimidara. Fue atento, correcto, de esos hombres que creen que el amor se demuestra con estabilidad y horarios. Al principio eso se siente como un refugio, como una promesa de vida ordenada. Pero con el tiempo, esa perfección práctica empieza a tener un defecto: no entiende la importancia de lo simbólico. Para él, un restaurante es un restaurante, una mesa es una mesa, un minuto es un minuto. Para mí, todo eso tiene jerarquías, y vivir sin jerarquías es vivir como si nada importara. Nuestra relación se volvió “bonita” para los demás, y esa es la parte peligrosa. 0:00 Historia principal 9:36 Comentarios de la historia principal 10:44 Actualización 1 17:10 Comentarios de la actualización 1 18:16 Actualización 2 24:49 Comentarios de la actualización 2 25:55 Actualización 3 33:40 Comentarios de la actualización 3 34:41 Actualización 4