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VICENTE ESCUDERO A FONDO - EDICIÓN COMPLETA Y RESTAURADA - 11 de septiembre de 1977 - 39’

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VICENTE ESCUDERO A FONDO - EDICIÓN COMPLETA Y RESTAURADA - 11 de septiembre de 1977 - 39’

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VICENTE ESCUDERO A FONDO - EDICIÓN COMPLETA Y RESTAURADA - 11 de septiembre de 1977 - 39’ Vicente Escudero Urive (Valladolid, 27 de octubre de 1888 - Barcelona, 4 de diciembre de 1980) fue un bailarín y coreógrafo de flamenco español; teórico de la danza, conferenciante, pintor, escritor; y ocasionalmente actor cinematográfico y cantaor. En la presentación de A FONDO, cercano a los 90 años, hace un resumen de su trayectoria: “Yo empecé de pequeño, a los 10 años bailaba por los pueblos. De los pueblos pasé a los cafés cantantes, de los cafés cantantes a los teatros y de los teatros pues por América y por todos sitios. En América he estado siete veces en los Estados Unidos, hecho todas las grandes óperas de teatro de ópera y teatros de sinfónicos, de música sinfónica en fin y todo y todo y todo de así...” Nacido en el seno de una familia humilde —su padre era zapatero—, Vicente Escudero dio sus primeros pasos de baile siendo todavía un niño sobre las tapas de las alcantarillas de su barrio de San Juan. Ya de adolescente, y con una formación totalmente autodidacta, combinó las actuaciones en locales de la ciudad y provincia con trabajos como linotipista en varias imprentas. Años más tarde, decidió ir al Sacromonte a aprender de los maestros gitanos y, poco después, se vio con la confianza suficiente para empezar a actuar en los cafés de Madrid. Consiguió entrar en el Café de la Marina, en la calle de los Jardines, 21, pero allí duró solo tres días, porque aunque su baile gustó al público, sus compañeros se plantaron al verse incapaces de seguir su palmeo anárquico, como él mismo reconoció tiempo después: «en realidad tenían razón, ya que entonces se llevaba un ritmo medido y cualquier variación en el sonido de las palmas o el compás desorientaba a todo el mundo». Este fracaso lo llevó a pasar una temporada dando tumbos por España, hasta que fue a dar con Antonio de Bilbao en el Café Las Columnas de aquella ciudad. Antonio lo acogió como discípulo, y con sus enseñanzas lo introdujo en los secretos del flamenco. El siguiente paso fue el extranjero. Después de unos años viajando por Europa, Egipto, e incluso la India, comenzó a actuar en Lisboa y, tras ganar el Concurso Internacional de Danza en el Teatro de la Comedia de París bailando un pasodoble, hizo su primera gran actuación oficial en el Olympia de la capital francesa en 1922. En ese escenario cosechó un gran éxito y se mantuvo durante mucho tiempo en cartel, lo que le forzó a ampliar su repertorio con baile clásico español. Por esas fechas formaba ya pareja tanto de baile como sentimental con Carmita García, que le acompañó hasta su muerte. En 1925, en la cumbre de su éxito parisino, Manuel de Falla le encargó, junto a «La Argentina», el montaje de El amor brujo, que constituyó un extraordinario triunfo. Durante estos años, Vicente Escudero tomó contacto con las vanguardias de su tiempo, en la literatura y la pintura: cubismo, surrealismo, dadaísmo y otros "ísmos" en los que estaba totalmente introducido en los años 1930. Atrapado en los círculos artísticos parisinos, frecuentaba los cafés de Montparnasse, alquiló un estudio en Montmartre, y se dedicó a la pintura y a las tertulias, tratando con Metzinger, Leger, Gris, Miró... Estaba tan abstraído en esos asuntos que evitaba firmar ningún contrato de baile hasta que no le acuciaban las necesidades económicas. En 1931, participó en el homenaje que se le rindió en Londres a Anna Pávlova, con la que había bailado tiempo atrás en San Petersburgo. Durante la década de los años treinta siguió haciendo giras por América, llegando a interpretar la obra de Falla en el Radio City Music Hall de Nueva York. Después de la guerra civil española se instaló en Barcelona donde alternaba sus facetas como bailaor con las de coreógrafo, pintor, conferenciante y escritor. Su última actuación tuvo lugar en Madrid en 1969. Su estilo puntero y artístico, con el que popularizó el flamenco, era fiel a la pureza y tradición, con total apego a sus técnicas y normas. Se esforzó, además, por dar al baile flamenco una autenticidad basada en la reciedumbre y la virilidad. En su Decálogo del buen bailarín, difundido en la sala El Trascacho de Barcelona en 1951, Vicente Escudero dejó claro lo que él consideraba fundamental para su estilo de bailar: Bailar en hombre. Sobriedad. Girar la muñeca de dentro a fuera, con los dedos juntos. Las caderas quietas. Bailar asentao y pastueño. Armonía de pies, brazos y cabeza. Estética y plástica sin mistificaciones. Estilo y Acento. Bailar con indumentaria tradicional. Lograr variedad de sonidos con el corazón, sin chapas en los zapatos, sin escenarios postizos y sin otros accesorios. Falleció el 4 de diciembre de 1980