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Así era septiembre en la España de los años 60: se acababa todo

La España que Vivimos

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Así era septiembre en la España de los años 60: se acababa todo

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Una hoja de calendario arrancada de un tirón: la del treinta y uno de agosto. Debajo aparecía el uno de septiembre, y aunque nadie levantara la vista del fogón, en aquella casa todo el mundo sabía que se había terminado algo. Recorremos los treinta días enteros, uno detrás de otro, como se vivían entonces. La luz que se iba sola, sin decreto ni cambio de hora, porque en España no hubo horario de verano entre 1950 y 1973. La última mañana en la casa del pueblo: las contraventanas cerradas, el alcanfor en el arcón, la llave de hierro dejada en casa del vecino y la baca cargada no de ropa, sino de tomates, melones y una garrafa de aceite forrada de esparto. El billete de andén, aquel cartoncito Edmondson que costaba peseta y media y sin el cual no podías entrar a abrazar a tu hijo antes de que se subiera al tren. Los que volvían a Alemania o a Suiza con la maleta de cartón atada con una cuerda, y esa otra fila de la que casi nunca se habla: las familias enteras que se iban cinco semanas a cortar uva a Francia con una hoja en la mano, sin saber la finca ni el jornal. La vendimia de aquí, empezada de noche, con las manos moradas que ya no se limpiaban hasta octubre y las avispas metidas en la comporta. El hombre subido a la escalera colgando las bombillas para las últimas fiestas del año, la subasta de las andas, el pasodoble de la tarde y el baile agarrado de la noche en el remolque. La papelería con la lista escrita en el reverso de un sobre, e